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Cáp. XII: El segundo general de la Sombra Lunar

 

Las tres chicas y Star se encontraban en el Templo en mitad de una importante conversación. La noche anterior Carlos, un ser humano normal y corriente, según ellas creían, había descubierto la identidad de Sailor Mercury, y, probablemente, también la de Sailor Moon y Mars.Star la reprendía por haberse descubierto de aquella manera, aquella situación era realmente grave, no podían permitir que Carlos le contara a nadie.

 

­ ¿Cómo pudiste hacerlo Lis? – repetía Star una y otra vez – Nos metiste en un grave problema, todo el grupo de las Sailors esta en peligro, y más ahora que aun no han aparecido todas. ¿Por qué lo hiciste?

­ Yo...lo siento Star, pero no pude evitarlo – decía Lis mientras clavaba una triste mirada en el suelo

­ Sabías perfectamente que nadie debía conocer sus identidades – reprendió de nuevo la gata

­ De todas maneras ya no tiene remedio – dijo Sam tratando de calmar a la gata

­ Ya se que no tiene remedio, pero no tienes derecho Lis, ¡no tienes derecho de ponernos a todos en peligro! Esto puede hacer que esta misión falle completamente. ¡No debiste hacerlo!

 

Lis no apartó su mirada del suelo a la vez que varias tímidas lágrimas resbalaron por su rostro en un silencioso y lento sollozo.

 

­ Lo...lo siento...mucho... – murmuró Lis

­ Siento que te sientas así, pero debes comprender el daño que nos has causado. ¡Esto es gravísimo! – dijo Star

­ ¡Ya basta! – gritó Patricia en un impulso

­ ¿Qué ocurre Patricia?

­ Ya me cansé. Si Lis no se hubiera transformado en ese momento Carlos podría haber muerto. Se que nuestra identidad quedó al descubierto, pero estoy segura de que podemos hacer comprender a Carlos la importancia de guardar el secreto.

­ Lo que dices es razonable, ¡pero nuestra misión esta en peligro! – gritó la gata enfadada por la actitud de Patricia

­ ¿Qué importa nuestra misión? Somos Sailors, estamos aquí ante todo para proteger a la gente inocente, y eso fue lo que Lis hizo, no hay nada que reprender. Estoy harta de esto...me voy a casa.

 

Tras estas palabras Patricia se levantó bruscamente y se alejó del lugar ante la atónita mirada de Sam que aun no creía la madurez que su amiga había demostrado ante la situación.

Patricia salió del Templo y caminó hacia su casa.

 

­ No se que cree esa Star – comenzó a decir mientras caminaba atrayendo bastantes miradas por cierto – no tiene derecho de tratar a Lis de esa manera. Esta bien que esto traerá problemas, pero igual se pasó demasiado, ella solo trataba de salvarle

­ ¿Salvar a quién? – dijo una voz

 

Patricia se volteó y observó a Daniel que le regalaba una enorme y dulce sonrisa. En ese momento de su rostro se borró la expresión de enfado para dar paso una sonrisa tan grande como la de su amigo.

 

­ ¡Daniel! – exclamó

­ Hola Patricia...¿de que hablabas?

­ Nada...cosas mías, ¿qué tal?

­ Mucho mejor ahora – dijo tendiéndole una rosa roja

 

Patricia la miró extrañada y la tomó. No sabía porque, pero ese chico siempre la hacía sentir muy bien.

 

­ ¿Y esto, por qué? – preguntó

­ Regalo de un amigo

­ ¿Y como sabías que ibas a verme, acaso eres vidente? – preguntó

­ No, iba a tu casa a verte

­ Ahh, ya veo, ¿para?

­ Este fin de semana hay un concierto, iba a invitarte, ¿quieres venir conmigo? – preguntó Daniel ilusionado

­ ¡Claro! ¿De quien es?

­ Pues, en realidad es un nuevo grupo todo esotérico que nadie conoce, pero bueno...será divertido, ¿no?

­ Si, será divertido – rió Patricia

 

Media hora después los dos seguían paseando sin ningún sentido mientras charlaban animadamente. Realmente se encontraban muy cómodos el uno con el otro.

Mientras caminaban por una calle Patricia se dio cuenta de algo muy extraño, en la calle no había nadie más que ellos dos.

 

­ Que extraño... – murmuró

­ ¿Qué, qué ocurre? – preguntó Daniel

­ No hay nadie en la calle

­ Si, tienes razón, es realmente extraño, ¿crees que pase algo?

­ No lo sé, pero tengo un mal presentimiento – dijo Patricia

 

En ese preciso instante Daniel sintió una extraña fuerza que lo empujaba. La fuerza hizo que chocara contra la pared en un brusco golpe. Al momento cayó inconsciente con una herida sangrante en la frente.

 

 

­ ¡¡¡Daniel!!! – exclamó Patricia asustada - ¿Qué esta...

 

Antes de poder terminar la pregunta sintió un brazo masculino que rodeaba su cuello.

 

­ ¿Quién eres...tú? – preguntó tratando de respirar

­ Hola Patricia, soy Sanosuke, ¿me recuerdas? – susurró el hombre en su oído

­ ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Quién...eres?

­ No finjas no saber Patricia, ¿o debiera decir Sailor Moon? – rió el general

­ ¿Cómo...como sabes?

­ Me lo dijo un pajarito...digamos que se llamaba Carlos

 

Los ojos de Patricia se abrieron en un ademán de sorpresa, ¿Carlos? ¿Qué tenía él que ver con el enemigo?

 

­ ¿Qué...quie....res? – dijo Patricia sin poder respirar

­ Obviamente terminar contigo, no te preocupes terminaré rápido

 

Patricia trató de zafarse, pero Sanosuke era demasiado fuerte para ella.

Sanosuke había decidido terminar con la líder y con Sailor Mars, de esa manera terminaría con las entrometidas Sailors y conseguiría una fuerte energía. No se atrevía a terminar con Sailor Mercury, Lis...cada vez que pensaba en esa chica un sentimiento que no conocía se revolvía en su interior. Si acababa con las otras dos su señor le perdonaría, eso no le importaba, la vida de las otras dos no le importaba en lo absoluto, serían un obstáculo menos.

 

­ No...no...puedo...res...

­ ¿Respirar? – completó Sanosuke – lo sé, esa es la idea

 

El brazo cada vez hacia más presión sobre el cuello de la chica, sus pulmones se encontraban prácticamente obstruidos, un segundo más así y moriría.

Antes de que su respiración se cortara por completo una rosa roja se clavó en la mano del general haciendo que la presión bajara.

Patricia respiró aliviada.

 

­ ¿Quién osa enfrentarme? – exclamó Sanosuke

­ No debes maltratar de esa forma a una chica indefensa, es deplorable

 

Sanosuke y Patricia miraron hacia arriba y vieron a Tuxedo Mask con cara amenazante.

 

­ ¡Tuxedo Mask! – pensó mientras algo saltaba en su interior

 

Tuxedo Mask bajó hacia el lugar y se colocó delante de Patricia protegiéndola. Sanosuke lo miró con rabia adoptando una posición de pelea. Ambos hombres comenzaron una dura pelea cuerpo a cuerpo. Sanosuke aprovechaba cada instante para tratar de atacar a Patricia, pero Tuxedo Mask siempre conseguía evitarlo, no iba a permitir que le hicieran daño.

Mientras tanto Patricia observaba la pelea dudando si transformarse o no. Los dos hombres estaban muy enfrascados en la pelea como para mirarla, pero la luz que provocaría su transformación podría atraerlos.

De repente salió de sus pensamientos ya que Tuxedo Mask cayó frente a ella al piso.

 

­ ¡Tuxedo Mask! – exclamó

­ Estoy bien – dijo levantándose a duras penas – vete de aquí, corre

 

Patricia no lo dudó un instante más, palpó en su cartera y encontró su broche. Lo alzó decidida.

 

­ No lo hagas – escuchó una voz

 

Miró a todos lados buscando a alguien, pero pronto se dio cuenta que se trataba de aquella mujer que le hablaba.

 

­ No lo hagas, espera un poco, nada pasará

 

Patricia se encontraba confundida, pero decidió hacer caso, al fin y al cabo, esa mujer siempre la había ayudado.Observó como un ataque se dirigía hacia ella, pero Tuxedo Mask se colocó delante y lo paró con su propio cuerpo.

 

­ ¡Maldito! – murmuró Sanosuke – quítate de mi camino

­ No permitiré que le hagas daño – dijo Tuxedo Mask levantándose lentamente

­ Esta bien, ya me las veré contigo – dijo Sanosuke furioso mientras desaparecía del lugar

 

Patricia se levantó y miró a Tuxedo Mask.

 

­ ¿Te encuentras bien? – preguntó el guerrero

­ Si, pero, ¿y tu?

­ No te preocupes, estoy bien. Oye...¿cómo sabes quien soy? – preguntó Tuxedo Mask

­ Ahh, ja, ja...informada que esta una...ja, ja

­ Claro...

 

En ese momento Patricia observó una gota de sangre que cayó por la frente de Tuxedo Mask.

 

­ Estas sangrando – dijo

­ No es nada, no te preocupes...

­ Que extraño...tiene la herida en el mismo sitio que Daniel – pensó - ¡Daniel!

 

Observó al lugar donde su amigo había quedado inconsciente, pero no estaba allí.

 

­ ¡Daniel! – exclamó

­ ¿El chico que estaba contigo? No te preocupes, él esta bien

­ Gracias – dijo Patricia, pero Tuxedo Mask ya no estaba allí­ Ya se fue...

 

Al momento observó a Daniel que corría hacia ella.

 

­ ¡Patricia! – exclamó

­ Daniel...¿estas bien?

­ Si, ¿y ese hombre?

­ Ya se fue, ¿qué pasó?

­ Cuando desperté vi a un extraño guerrero peleando con el hombre, así que fui a pedir ayuda, pero nadie me creyó – contó Daniel

­ Ya veo...¡estás sangrando!

 

Patricia sacó un pequeño pañuelo de su cartera y lo pasó por la herida.

 

­ Gracias, ya esta bien – dijo Daniel

­ No, aun no, déjame...

 

Daniel puso su mano sobre la de Patricia y le sonrió.

 

­ Esta bien

­ Si...

 

Ambos jóvenes se quedaron mirándose sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor, en ese momento lo único que existía era el otro y sus manos en contacto directo.

 

­ Bueno... – comenzó Patricia mientras se sonrojaba – ya me tengo que ir, ¿seguro que estás bien?

­ Si, no te preocupes – dijo Daniel

­ Entonces me voy...pero solo si me prometes que de verdad te encuentras bien

­ Si, si, ya estoy bien...nos vemos – se despidió Daniel con una de sus atrayentes sonrisas

­ Nos vemos

 

Patricia se quedó un momento parada observando el lugar por donde Daniel se había ido, pero finalmente reaccionó. Comenzó a correr por las frías calles hacia el Templo, esperaba que las chicas siguieran allí, si era cierto lo que Sanosuke había dicho sobre Carlos debía avisarles.

Tras unos minutos llegó acalorada. Lamentablemente, tan solo Sam estaba allí.

 

­ ¿Qué ocurre Patricia? – preguntó al verla llegar tan repentinamente

­ ¿Dónde...donde...está Lis...? – preguntó recuperando la respiración

­ Ella ya se fue

­ ¿Dónde?

­ Fue a hablar con Carlos, para explicarle lo importante de que mantuviera el secreto

­ ¡Oh, no!

­ ¿Qué ocurre?

­ Estaba paseando con Daniel cuando el enemigo me atacó, él conocía mi identidad y dijo saberla por Carlos

­ Entonces...¡Lis esta en peligro! Debemos ir con ella

­ ¿Dónde esta?

­ Creo que fue al parque no. 10, ¡vamos!

 

Las chicas se miraron decididas y comenzaron a correr a toda velocidad hacia el parque, ¿llegarían a tiempo?

Mientras esto sucedía una pareja hablaba en el parque no. 10. No se trataba de otros sino Lis y Carlos. Lis estaba nerviosa, ese día la extraña sensación que sentía al estar alrededor de Carlos se había incrementado, además que había observado que el parque se iba quedando vacío poco a poco.

Carlos miraba al horizonte sin hablar y sin saber que hacer. La chica le había confesado la importancia de que mantuviera su secreto, pero el ya lo sabía. Simplemente estaba confundido. Por alguna razón un extraño sentimiento lo invadía cuando estaba cerca de la chica, era como alegría, pero no, era algo más, algo más importante y más fuerte. En el parque ya no había nadie, era el momento perfecto para atacarla, estando sin sus dos amigas, pero algo en su interior se lo impedía.

 

­ Carlos... – comenzó Lis - ¿no piensas decir nada?

 

Las palabras de Lis se perdieron en el aire, sin nunca obtener una respuesta. Carlos no oía, no veía, tan solo pensaba. En ese momento muchas voces venía a su mente "no sabía que ahora andabas con los humanos" "así que mi hermano esta aprendiendo a amar". Debía hacerlo, debía hacerlo por su gloria como general, por su amo y amigo, por su honor y por su misión.

 

­ ¡Di algo por favor! – reclamó Lis

­ Si, te diré algo...

 

Lanzó sus ropas al aire de tal forma que Lis pudo reconocer a Sanosuke, segundo general de la Sombra Lunar. Su cara se tornó en sorpresa a la vez que las lágrimas se acercaron a sus ojos.

Aguantando sus sentimientos Lis alzó su pluma mas Sanosuke la tomó de la muñeca obligándola a soltarla y la lanzó al suelo en un fuerte golpe. Se alzó en el aire y creó una bola de energía en su mano.

Aquel era el momento decisivo, el momento en el que debía decidirse, su honor y gloria o ese extraño sentimiento. Observó a Lis en el suelo indefensa y con lágrimas en los ojos, observó la bola de energía que flotaba en su mano, estaba tan indeciso...¿qué hará?

Mientras tanto Patricia y Sam continúan corriendo hacia al parque, ¿llegarán?

 

Continuará...