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Cáp. VIII: Samantha

 

Ese viernes la noche ya había caído sobre Tokio. Eran las 3 de la mañana y todos dormían placidamente esperando el tan deseado descanso del sábado. Sin embargo, en el centro de Nuevo Juuban, en un templo budista, el Templo Ashitaka, Samantha despertaba bruscamente. El sudor cubría toda su frente y su respiración era rápida y nerviosa. Aquella pesadilla la había venido atormentando desde hace más o menos un mes, ya no lo aguantaba.

Se levantó y se dirigió al baño. Mojó su cara con agua fresca y se miró al espejo. Las ojeras cubrían su bello rostro, llevaba mucho tiempo sin dormir tranquila. Era aquella pesadilla, siempre la misma.

Se encontraba en un lugar desolado, un lugar que despertaba dolor y angustia. Vestía un extraño traje de pelea rojo. Frente a ella había dos figuras, un hombre y una mujer. Aunque sus rostros no se distinguían su presencia emanaba miedo, peligro, muerte, rabia, venganza. Y después de eso aquella risa, una risa femenina, la risa más tenebrosa que jamás había escuchado.

Miró al techo y volvió a la cama. Debía hacer algo respecto de ese sueño.

Decidió ir al viejo templo, quizá allí encontrara alguna respuesta, si, al día siguiente iría al viejo templo.

A la mañana del día siguiente Patricia se encontraba en el Crew Games Center, un lugar de juegos que quedaba camino a su casa y que le era muy conocido. Estaba jugando como una posesa a un nuevo juego que habían traído la semana pasada.

­ ¡¡No!! – exclamó de repente

­ ¿Perdiste otra vez? – se escuchó una voz

Patricia levantó la vista y vio a Mark, el chico que trabajaba allí. Era un chico alto y muy apuesto. Tenía pelo rubio, ojos oscuros y una sonrisa que le quitaría la respiración a cualquiera.

­ Hola Mark

­ ¿Problemas con el juego?

­ ¡Es muy difícil! Es que además soy un poco torpe...los juegos no son lo mío

­ No te preocupes, las chicas que necesitan ayuda atraen a muchos chicos – dijo con una atrayente sonrisa

­ Si...

En ese momento se abrió la puerta del local y Lis entró.

­ Hola Lis – saludó el chico

­ Hola Mark, hola Patricia

­ ¡Hola! ¿Averiguaste algo...?

­ Si, en el camino te cuento

Las dos chicas se levantaron y se dirigieron a la puerta.

­ Adiós Mark

­ Adiós chicas – se despidió - son algo extrañas – pensó - ¿qué se traerán entre manos?

Ambas chicas salieron del local y comenzaron a caminar a lo largo de la calle.

­ Ay...Mark es una belleza de hombre – suspiró Patricia - ¿te imaginas que el fuese Tuxedo Mask?

­ Lo dudo, Tuxedo Mask tiene pelo negro y Mark rubio

­ Nunca pierdas las esperanzas

­ ^_^´claro Patricia...bueno, ¿no quieres saber lo que averigüé?

­ ¡Si! Dime

La batalla del otro día el Palacio de Tokio les había dado mucho que pensar, por eso se habían puesto a buscar información sobre el lugar para ver si encontraban algo interesante que les diera una pista de los extraños sucesos. Habían tratado mucho, pero tan solo encontraban lo que ya sabían.

­ Estaba en Internet buscando algo y encontré algunas páginas, pero ninguna con nada nuevo, pero en la última que entré había un link a otro site sobre un antiguo templo. Entré en ella y parece ser que el templo es del siglo XX

­ ¿¡El siglo XX!? – exclamó Patricia

­ Si, en las glaciaciones fue destruido, pero por alguna razón se reconstruyó en la época de Cristal. Me pareció extraño, así que por eso pensé que deberíamos ir y verlo, quizá haya algo interesante

­ ¡Vamos!

Caminaron un poco más y llegaron a una zona que no se transitaba mucho debido a que era bastante antigua. En el centro de esta zona encontraron el templo.

­ Templo Hikawa – leyó Patricia

Observaron el edificio. Sin duda era antiguo, pero tenía una majestuidad extraña. Se adentraron él, y según iban avanzando comenzaron a sentir algo extraño, una sensación agradable que las envolvía. En aquel lugar se respiraba armonía.

Samantha se encontraba en el viejo Templo Hikawa. Era un lugar especial para ella, siempre que algo la atormentaba o molestaba iba allí en busca de respuestas.

Entró en una sala y se sentó en el centro para comenzar su meditación.

Cuando llevaba un tiempo así, la vio, si, de nuevo ella. Cada vez que iba a ese templo podía ver a esa mujer. Era una mujer de cabellos largos y negros, y ojos púrpura, igual que ella. Unas veces vestía de sacerdotisa, otras llevaba un traje de pelea como el que ella vestía en su sueño, pero siempre era ella.

Patricia y Lis finalmente llegaron a una sala bastante amplia. Divisaron una puerta abierta al fondo, así que atravesaron la sala y se adentraron en la siguiente. En el centro de esta había una chica joven con la mirada clavada en el horizonte. Aquello les extrañó bastante, en esos días casi nadie se interesaba en la historia, y menos gente joven.

Observaron a la chica. Tenía pelo rojizo oscuro con alguna mechas negras y lo llevaba recogido en un moño con dos palos chinos. Era muy linda, sobre todo por unos hermosos y profundos ojos púrpura que brillaban en su rostro.

­ Disculpa... – comenzó Patricia - ¿qué haces aquí?

Silencio.

­ Esta meditando – dijo Lis – déjala

­ No, quiero saber quien es. Disculpa, disculpa...

Silencio.

­ ¡Oye tu! ¿Estas ahí?

Se acercó a la chica lentamente y se puso en frente de ella clavando su mirada en sus ojos.

­ ¿Me escuchas?

La chica miró fijamente a Patricia y se levantó bruscamente.

­ ¡Cállate, niña boba! ¿No ves que estoy meditando? - exclamó

­ Perdón, pero no me trates así

­ ¡Te trató como lo que eres!

­ ¡BUUUAAA! ¿Por qué eres tan mala conmigo?

Patricia se alejó de la chica y se abrazó a Lis.

­ Discúlpala – dijo – solo quería saber que haces aquí

­ Vengo a meditar, es un lugar especial

­ Sin duda, ¿por qué lo crees?

­ No lo sé, pero me hace sentir bien

Mientras las dos chicas hablaban Patricia seguía lloriqueando aunque ya más calmada.

Mientras tanto en un lugar oscuro de la ciudad de Tokio una figura siniestra observaba por la ventana la actividad cotidiana de la gente común. Se trataba de Libiar, al que la rabia le consumía por dentro. Esas Sailors ya habían eliminado a uno de sus generales y a una de sus damas, tan solo quedaban tres generales y dos damas. Esa mañana había enviado a su más querido general a la búsqueda interminable de energía.

­ "Eres mi más querido general" – le había dicho – "no solo eres un fiel

súbdito, también eres mi amigo, pongo toda mi confianza en ti"

Le había dolido mandarlo a la lucha, pero confiaba en él, esas niñas en minifalda jamás lo vencerían.

­ ¿En que piensas? – escuchó una voz

Una figura femenina se acercó a él lentamente, se trataba de la mujer que había mandado a Cormak a la muerte.

­ Mi señora... – dijo Libiar

­ Ya no bromees

­ ¿Cuánto más debemos hacerles creer que eres mi superior?

­ Cuanto más tiempo mejor. Conocen tu poder, si creen que hay uno mayor aun tendrán miedo y serán fieles

La mujer se acercó sensualmente a él y lo abrazó.

­ No te preocupes, todo saldrá bien – dijo

Después ambos juntaron sus labios mezclando la maldad de sus almas y corazones.

En el Templo Hikawa ya las cosas se habían calmado y las tres chicas hablaban tranquilamente, aunque Patricia y Samantha se miraban algo hostilmente.

­ ¿Puedes leer el fuego? – preguntó Lis

­ Si – asintió Samantha

­ ¿Qué es eso? – preguntó Patricia

­ ¡Ay, que tonta! Ver cosas en el fuego, el futuro, energías malignas o benignas, cosas así

­ ¡No me llames tonta!

Las dos chicas comenzaron a gritarse.

­ No de nuevo – pensó Lis

Suspiró y miró hacia el exterior del templo. Se extrañó al ver dos siluetas que iban hacia el lugar. Una de ellas le parecía familiar. Finalmente llegaron, se trataba de dos chicos, y, efectivamente, uno de ellos era Daniel, y traía a Star en sus brazos.

­ Hola Daniel – saludó Lis

­ Hola

­ ¡Daniel! – exclamó Samantha parando la pelea

­ Vaya, hola Sam, ¿qué tal?

­ ¿¡Sam!? – exclamó Patricia - ¿la conoces?

Daniel se asustó al ver a la chica acercándose con cara de pocos amigos hacia él.

­ Pues...si, la conocí este verano...

­ ¿Por qué no lo dijiste? ¿Hay más cosas que no me hayas contado? ¿Es que no me consideras tu amiga?

Patricia comenzó a montar un drama sobre que Daniel le tenía poca confianza mientras el chico trataba de no ser atacado.

­ Yo soy Carlos – dijo el otro chico viendo que Daniel no podría presentarlo

Lis miró al chico detenidamente. Era bastante alto, tenía el pelo algo verdoso, bastante oscuro, era muy guapo, tenía unos preciosos ojos verde claro. Se sonrojó un poco.

­ Yo soy Elizabeth, puedes llamarme Lis

­ Yo soy Samantha, Sam

­ Tu amiga es algo...agresiva – comentó el chico algo asustado

­ ^_^´ Ella es Patricia – comenzó Lis – ella es así

­ Si, bueno...disculpa, tu apellido es Mizuno, ¿no es cierto?

­ Si, Mizuno

­ Es un honor conocer a una de las mentes más brillantes del Japón por no decir del mundo

­ Bueno... – dijo Lis completamente roja

­ No te sonrojes – rió el chico – tan solo digo la verdad

­ De todas formas gracias

­ Pareces una chica muy amable, ¿saldrías conmigo alguna vez?

­ Cla...claro, cuando quieras

Lis le dio su teléfono al chico. Después este le sonrió y se adentró a otra sala.

Entre tanto Samantha había tratado de parar a Patricia, así que las dos habían terminado de nuevo en otra pelea. Daniel miraba la escena incrédulo.

­ Por cierto – le dijo a Lis – esta gata es de Patricia, ¿no?

­ Si, es cierto – dijo Lis tomando a la gata en brazos – se llama Star

­ La encontré en la calle y pensé en llevarla a su casa, pero luego las ví aquí, pero ya me tengo que ir, ¿dónde esta Carlos?

­ Entro allí – señaló Lis algo sonrojada

Daniel fue al lugar indicado seguido por Lis. Patricia y Samantha que ya habían terminado la pelea también fueron detrás de ellos. Cuando llegaron vieron a Carlos que estaba de pié. Tenía las dos manos juntas frente a él.

Por alguna razón los cuatro pudieron notar un aura extraña que lo rodeaba.

­ ¿Carlos? – dijo Daniel

El chico abrió sus ojos sobresaltado como despertando de un sueño.

­ Me voy, ¿vienes?

­ Si, vamos

­ Nosotras también nos vamos, ¿no Lis? – dijo Patricia

­ Si, ya no tenemos nada que hacer

Los cuatro se despidieron de Samantha y salieron del templo.

­ Yo me voy a mi casa – dijo Carlos – nos vemos, adiós Lis

­ Adiós – se despidió Lis

El chico se alejó del lugar.

­ ¿Las acompaño, chicas? – dijo Daniel

­ Si claro – dijo Patricia poniéndose justo a su lado

Los tres comenzaron a caminar.

­ ¿Por qué esa despedida tan cariñosa? – preguntó Patricia

­ No sé, pero no tuvo nada de especial – contestó Lis

­ No lo ocultes...

En ese momento escucharon un grito proveniente del templo. Pararon es seco y se miraron sorprendidos.

­ Esto...¡chicas! – dijo Daniel – vayan a buscar ayuda, yo voy a ver que ocurre

Las chicas asintieron mientras veían a Daniel alejarse en dirección al templo.

­ Háganlo ya chicas – dijo Star

Las dos se miraron con decisión.

­ ¡Luna sagrada, transfórmame!

­ ¡Por el poder de Mercurio!

Al momento Sailor Mercury y Sailor Moon corrían rápidamente hacia el Templo.

Llegaron allí y comenzaron a atravesar varias salas. Finalmente llegaron al lugar de donde provenía el grito. Allí había una terrible y asquerosa criatura que sostenía a Samantha por el cuello apoyándola contra la pared.

Una estela de luz brillaba en el cuelo de la chica y en la mano del atacante. Samantha se resistía, pero no podía hacer nada contra la criatura.

Un extraño símbolo rojo brillaba en su frente produciendo una fuerte luz. La criatura se tapaba los ojos ante este brillo, parecía lastimarle.

­ ¡Detente! – exclamó Sailor Moon – somos las Sailor Scouts que luchan por el amor y la justicia, somos Sailor Moon...

­ Y Sailor Mercury – puntualizó ésta

­ Y te castigaremos en el nombre ¡de la Luna!

La criatura observó por un momento a las recién llegadas. Después soltó a Samantha quien cayó al piso inconsciente. Se acercó hacia las chicas y apuntó con sus manos hacia ellas. Unas líneas de fuego se comenzaron a formar en el lugar donde estaban. Sailor Mercury saltó ágilmente hacia el lateral evitando cualquier daño, pero Sailor Moon no sabía que hacer. La línea de fuego iba a llegarle cuando una figura paso rápidamente y la tomó en sus brazos.

­ ¿Estas bien? – dijo

­ ¡Tuxedo Mask!, si, estoy bien

Tuxedo Mask se colocó al lado de Sailor Mercury y dejó a Sailor Moon en el piso.

La criatura gruñó un poco e hizo aparecer un látigo. Se lanzó hacia Sailor Mercury y trató de atacarla, pero una de las rosas de Tuxedo Mask impidió que le hiciera daño.

Al instante Sailor Moon hizo aparecer su cetro.

­ ¡Resplandor de Luna Llena, purifica!

El ataque impactó a la criatura que despareció devolviéndole su energía a Samantha.

­ Lo hicieron bien – dijo Tuxedo Mask

­ Si, gracias por salvarme

­ Cuando quieras – dijo con una atrayente sonrisa para luego desaparecer

Sailor Moon se quedó embobada mirando el lugar por donde se había marchado el misterioso guerrero.

­ ¡Destransfórmense! – exclamó Star que llegaba corriendo en esos momentos

Las chicas asintieron y volvieron a la normalidad. Después se acercaron a Samantha que aun seguía inconsciente.

­ ¿Qué sería ese extraño símbolo? – preguntó Patricia

­ ¿Qué símbolo? – preguntó Star

­ Un símbolo rojo que brilló por unos momentos en la frente de Samantha – explicó Lis

­ Como me temía – comenzó Star – esta chica es la tercera Sailor Scout, Sailor Mars, la Scout del fuego

­ ¿¡Qué!? – exclamó Patricia - ¿¡esa niña boba es un Sailor Scout!?

­ Eso me temo

En ese momento Samantha despertó y abrió sus ojos poco a poco.

­ ¿Qué...qué pasó? – preguntó

­ Fuiste atacada, pero las Sailor Scouts te salvaron

­ ¿Las Sailor Scouts? Yo no creo en esas cosas – dijo levantándose

­ Pronto creerás – rió Lis

­ No lo creo...bueno, gracias de todas formas, si quieren verme vivo en el Templo Ashitaka

­ Esta bien

Patricia tomó a Star en brazos y se alejó junto con Lis, pero antes de que llegaran muy lejos Star saltó de los brazos de su dueña y fue hacia Samantha. Llevaba un extraño objeto en la boca. Samantha se agachó y lo tomó; era una especie de pluma roja que tenía el símbolo del planeta Marte.

­ ¿Qué es esto? – preguntó

­ Algo que quiero que tengas – gruñó Patricia

­ ¿Pero...que es?

­ Ya lo sabrás

Patricia se acercó a ella y tomó a Star. Después miró fijamente a Samantha y se dispuso a irse.

­ ¿Qué pasa? – dijo Samantha - ¿es algo que encontraste y como no sabes que es me lo regalas?

­ ¡Oye! ¿Qué te crees?

De nuevo las dos chicas comenzaron a pelear.

­ Ay...no otra vez

Continuará...