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Cáp. IX: Sailor Mars, la Scout del fuego
Esa noche de domingo Patricia caminaba en círculos en el interior de su habitación, los nervios la atacaban y no podía remediarlo. Star había tratado de calmarla, pero viendo que era una empresa imposible se había quedado dormida sobre la cama.
Esa tarde Lis había salido con el tal Carlos, y Patricia no podía esperar a saber todos los detalles. La había llamado antes, pero aun no había regresado a su casa.
Comenzó a caminar más rápido mientras se mordía las uñas ávidamente.
- ¡Ya no aguanto más! – pensó
Por enésima vez en esa tarde despegó el auricular y marcó el número de su amiga. El teléfono comenzó a sonar del otro lado. Ring. Nada. Ring. Aun no lo agarraban. Ring. Por fin se escuchó como descolgaban el teléfono.
- Residencia Mizuno, habla Elizabeth – se escuchó
- ¡Cuéntame, cuéntame, cuéntame! – suplicó Patricia al otro lado
- Hola Patricia, yo estoy bien gracias, ¿y tu? – dijo Lis con ironía
- Perdón, perdón, pero es que quiero saber todos los detalles, ¿qué tal?
- Bueno...es un chico interesante
- ¿Interesante? Cuando dices eso no puede ser muy bueno – dijo Patricia con tono de desilusión
- No, no, es muy guapo, y muy inteligente
- ¿Entonces...?
- Es que...
- ¿Es egocéntrico, aburrido?
- No, es...
- ¿Obsesivo, machista?
- Tampoco...
- ¿No te deja hablar?
- No, te escucha, es solo que...
- ¿Es un psicópata? ¿Es eso? ¿Te ha hecho daño, lo ha intentado? Ya te estas alejando de él, levanta una denuncia
- Patricia....
- No me lo puedo creer, y parecía tan simpático
- Patricia...
- Y es muy guapo
- ¡Patricia! ¿¡Me quieres dejar hablar!? – dijo Lis enfurecida
- Perdoooon, una no puede decir nada
Patricia escuchó un largo suspiro por el auricular, un suspiro de esos de callateoteestrangulo.
- Como te iba diciendo – comenzó Lis más calmada – el problema es que se muestra muy distante, parece como si no le interesara
- Pero...¿te pidió salir de nuevo?
- Si
- Entonces son paranoias tuyas
- No, no, es muy frío, parece como si no sintiera nada en ningún momento
- Ay...algunos son así al principio, lo que necesita es un buen beso con lengua a ser posible
- Tu sabes que yo no podría hacer eso
- Si, claro...eres demasiado dulce y tímida...mmm...¡si quieres yo me encargo!
Silencio.
- Tomaré eso como un no – dijo Patricia temiendo una reacción agresiva por parte de su amiga
- Bueno...cambiando el tema, ¿qué te parece si mañana vamos a ver a Sam después de clases?
- ¿Por qué querría yo ver a esa?
- Debemos asegurarnos de que es Sailor Mars, y si lo es, debes acostumbrarte a la idea de su presencia, no seas niña, no puedes anteponer tus deseos a la paz en el mundo
- Esta bien mami...
- Por el hecho de que sea responsable no significa que me comporte como tu mamá
- Si, si...bueno, te veo mañana
- Si, adiós
- Adiós Lis-chan
Después de haber tenido la tan deseada conversación con su amiga Patricia se puso su pijama y se fue a dormir, necesitaba un buen descanso, el día siguiente iba a ser duro: era lunes, y para colmo, tenía que ver a esa chica tan odiosa que no hacía más que criticarla.
El fastidioso lunes llegó y, como de costumbre, Patricia llegó tarde a clase. Pasó las primeras horas en el pasillo lamentándose por su eterna desgracia.
Cuando la mañana era ya más avanzada y Lis y Patricia se encontraban en clase, cerca de la escuela paseaban una mujer joven y una chica adolescente.
La mujer tenía el cabello oscuro y largo, y lo llevaba recogido en un moño. La chica tenía un tono rosado en el cabello y lo llevaba muy largo sujeto en dos colas. Las dos eran muy hermosas.
- ¿Por qué estamos aquí? – preguntó la chica
- Después de clases Patricia y Lis irán a ver a Sam. No sabemos donde vive, así que las seguiremos – contestó la mujer en un murmullo
- ¿Qué tiene de especial esa chica?
- Star cree que se trata de Sailor Mars, ya le entrego la pluma
- ¿¡Por que nunca me avisan de estas cosas!? – exclamó la chica indignada
- Si yo te avisé, solo que la televisión ocupaba toda tu atención en ese momento – dijo con tono de regaño la mujer
- Opps...cambiemos el tema...
- Eres igualita a tu madre, no cambias – rió la mujer
Pronto la chica también se unió a la risa.
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Por fin las clases terminaron por ese día. Las dos amigas salieron juntas del colegio dispuestas a dirigirse al templo Ashitaka a ver a la que podía ser una nueva Sailor.
Cuando ya habían cruzado la calle una figura masculina se les acercó por detrás. Instantáneamente las dos chicas se voltearon y observaron a un sonriente Daniel.
- ¿Las acompaño a casa? – preguntó el chico
- Gracias Daniel – comenzó Patricia – pero en realidad vamos a ver a Samantha
- ¿Quieres venir con nosotras? – preguntó Lis sin hacer caso a la mirada asesina que se dibujó en los ojos de Patricia
- Claro, seguro que Sam se alegra
- Si...seguro – refunfuñó Patricia
Los tres jóvenes comenzaron a caminar hacia el templo mientras charlaban. De repente Patricia se sobresaltó.
- ¿Pasa algo? – preguntó Daniel
- ¿No notan como si nos estuvieran siguiendo?
- Ahora que lo dices...- dijo Lis a la vez que Daniel asentía
Automáticamente los tres miraron detrás suyo, pero lo único que vieron fue dos figuras femeninas que se alejaban.
- Que extraño...
- No importa, sigamos
Los tres continuaron su camino sin más problemas. Pararon un momento en el Crew Games Center para saludar a Mark debido a la insistencia de Patricia en ser educados y saludar a se querido amigo.
Finalmente llegaron al Templo Ashitaka. Atravesaron la entrada y caminaron por un paseo rodeado de árboles y flores. Tras un corto trecho se abrió un lugar amplio en el que se encontraba asentado el edificio.
Una señora bastante mayor salió a recibirlas.
Buenas tardes – saludó la señora
Buenas tardes señora – saludó Lis – buscamos a Samantha
Ay...es una pena, yo pensé que querrían convertirse en sacerdotisas, aunque en realidad un muchacho como tu nos vendría muy bien – dijo mirando a Daniel
Gracias señora...pero no creo
Es una pena, una pena sin duda. Llamaré a Samantha
La señora se alejó mientras se limitaba a repetir "es una pena". Los tres se quedaron esperando sin saber que pensar.
Unos segundos después Samantha apareció por la puerta del templo con un traje de sacerdotisa.
Hola, ¿qué hacen aquí?
Vinimos a verte – dijo Lis sonriendo
Pero si te molesta nos vamos, Srta. Gruñona
¡Oye! ¡No te atrevas a decirme esas cosas!
Una enorme gota de sudor apareció en las cabezas de Daniel y Lis mientras Samantha y Patricia comenzaron a gritarse.
Cuando la situación se hubo calmado Samantha los invitó a pasar dentro y todos se sentaron tranquilamente, aunque Samantha y Lis se miraban con ojos asesinos.
Y, ¿vinieron por algo especial? – preguntó Sam
No, en realidad solo para saber como estabas – dijo Lis
Que quede claro que yo fui obligada a venir – gruñó Patricia
Si quieres puedes irte
Ya van a comenzar de nuevo – suspiró Daniel
Pero antes de que las dos chicas pudieran comenzar a insultarse la puerta de la habitación se abrió y apareció un chico joven y bastante atractivo.
Srta. Samantha, ¿necesita algo? – preguntó con timidez
No, gracias Yukichi
El chico agachó la cabeza y se retiró.
¿Quién es él? – preguntó Lis
Es un chico que llegó hace poco para ser sacerdote. Su nombre es Yukichi Shensi, y viene de una familia muy rica
Tiene un nombre japonés antiguo – dijo Daniel
Si, toda su familia es japonesa y hay tradición de poner nombres antiguos. Es un chico muy servicial, pero me pone de los nervios
¿Y quien no te pone a ti de los nervios? – dijo Patricia
Y una nueva pelea comenzó de nuevo entre ellas.
Tras tomar una tazas de té y tras unas cuantas peleas más Lis y Patricia salieron a despedirse. Daniel se había ido antes ya que había quedado con unos amigos.
Gracias por venir, vuelvan cuando quieran, incluso tú – dijo refiriéndose a Patricia
Si, gracias – dijo Lis dándole a Patricia un codazo antes de que pudiera replicar – por cierto, tenemos algo que decirte algo sobre la pluma que te dimos
¿Esta? – dijo Samantha mostrándoles la pluma
Si, verás...
Antes de que Lis pudiera dar una explicación una pequeña explosión sonó tras ellas. Las tres se dieron la vuelta y observaron a una extraña mujer que vestía un kimono y se tapaba la cara con unos abanicos.
¿Quién eres tú? – preguntó Sam
¡Kuriko! – gritó la mujer
Seguidamente apartó los abanicos de la cara mostrando una horrible y tenebrosa sonrisa para luego lanzarse contra las chicas. Las chicas gritaron pero consiguieron apartarse a tiempo.
Patricia y Lis se miraron y sin importar la presencia de Sam levantaron sus objetos mágicos.
¡Luna sagrada, transfórmame!
¡Por el poder de Mercurio!
Sailor Moon y Sailor Mercury habían aparecido.
Pero...¿ustedes? – dijo Sam confundida
No preguntes y usa tu pluma – dijo Sailor Mercury tomando posición de pelea
Kuriko comenzó a lanzar abanicos hacia las dos Sailors que los evitaban difícilmente. Sailor Mercury trató de alcanzarla con su ataque pero tan solo conseguía destruir abanicos.
Samantha miró a las dos chicas moviéndose de un lugar a otro y comprendió que debía hacerles caso. Levantó la pluma roja y gritó lo único que le vino a la mente.
¡Por el poder de Marte!
Una espiral de fuego la cubrió y un traje de pelea rojo y morado igual al de Sailor Mercury apareció. Ella comenzó a mirarse aun sin comprender.
Mientras Samantha se miraba estupefacta Kuriko había tomado a Sailor Moon por el cuello y la amenazaba con un abanico. Sailor Mercury avanzó hacia ellas.
¡Kuriko! – gritó la enemiga a la vez que el abanico se convertía en un cuchillo
Sailor Mercury se quedó quieta sin saber que hacer. Samantha sabía que debía ayudarlas, pero no sabía como.
¿Qué debo hacer? Alguien ayúdeme – dijo desesperada
En ese momento sintió como si se sumiera en un profundo sueño. Sintió como caía en un espacio totalmente oscuro, pero finalmente paró y se puso de pié.
Llevaba su traje de sacerdotisa. Una mujer apareció delante de ella y le sonrió. Llevaba un traje de guerrera como el que minutos antes había aparecido sobre su cuerpo. Pronto reconoció a la mujer, era ella, la mujer del templo, la que siempre veía.
¿Qué quieres? – preguntó Samantha
Ayudarte – dijo la mujer
¿Cómo?
Debes comprender...yo fui Sailor Mars por mucho tiempo, pero ya no estoy... ahora es tu turno de serlo, tu turno de defender el planeta Tierra en el nombre de Marte
La mujer tomó la mano de Sam y de nuevo el traje de guerrera apareció sobre ella a la vez que el de la mujer se convertía en uno de sacerdotisa.
Busca el poder en tu interior – dijo la mujer para luego desaparecer
De repente Samantha abrió los ojos y se encontró de nuevo en el jardín del templo. La situación no había cambiado.
Bien...Sailor Mars, debes actuar – se dijo a si misma
Sacó un ofuda, lo colocó frente a ella y luego dijo unas extrañas palabras.
Después miró decidida la espalda de Kuriko frente a ella y colocó el ofuda allí.
En ese momento Sailor Moon sintió como los brazos de Kuriko se aflojaban y como sus ojos se batían en dolor. Se alejó de ella sin saber que pasaba.
Sailor Mars se puso a su lado.
¿Qué ocurre? – preguntó Sailor Mercury
El ofuda le causa un gran dolor, tanto que no puede moverse
¿Quién osa hacerme esto? – gritó Kuriko
Yo soy la Scout del fuego y la pasión, soy Sailor Mars, y te castigaré en el nombre de Marte
¡Ya basta! – chilló de nuevo Kuriko
El efecto del ofuda pasó en ese momento y Kuriko las miró con odio. Sailor Mercury y Sailor Moon retrocedieron, pero Sailor Mars miró con decisión a la enemiga y se dejó llevar por las emociones que sentía en ese momento.
A cada paso que daba Kuriko hacia ella un nuevo sentimiento de victoria crecía en ella. Finalmente las palabras exactas, aquella que le darían forma al poder que surgía de su interior salieron de su boca.
¡Llama del dragón, ataca!
Juntó sus manos y de ellas salió una llama que por un momento tomó la forma de una cabeza de dragón y luego se abalanzó contra Kuriko haciendo que esta chocara contra un árbol.
Sailor Moon viendo el estado de la enemiga hizo aparecer su cetro y lo alzó.
¡Resplandor de Luna Llena, purifica!
El ataque hizo desaparecer a Kuriko.
¡Uff! Ya terminó – suspiró una agotada Sailor Moon
Sailor Mars se acercó hacia ella y las miró. Sailor Moon levantó la cabeza y le tendió la mano.
Bienvenida al equipo – dijo murmurando
Gracias – sonrió Sailor Mars tomando su mano
Pero que quede claro que yo soy la líder y que me debes obedecer
¡Eso lo veremos! Porque no veo que hayas hecho mucho
¡No te atrevas a cuestionar mi trabajo!
Que cruz nos ha caído...- suspiró Sailor Mercury