![]() |
Capítulo 2: La desaparición de Amy
Era casi medianoche cuando Bunny y las demás decidieron que ya era hora de volver a casa. Se habían pasado toda la tarde buscando a Amy pero no la encontraban por ningún lado, no estaba en ninguno de los lugares que solía frecuentar- bibliotecas, piscinas...- ni siquiera en su casa y después de la actitud de esta mañana empezaban a estar muy preocupadas. Rei había hecho uso de sus facultades para ver si detectaba la presencia de algún ser maligno pero había fracasado por lo tanto sólo quedaban dos caminos: que Amy no desease ser encontrada o que hubiera tenido algún incidente. En ambos casos no podrían hacer nada así que decidieron dar por concluida la búsqueda por ese día para continuarla mañana en el caso de que no se presentara a clase.
A la mañana siguiente Bunny se levantó a su hora. Se puso su uniforme, cogió su cartera y salió de casa sin preocuparse por el almuerzo ni por el desayuno. Durante la noche había tenido una terrible pesadilla en la que Amy le recriminaba que no hubiera seguido buscándola y que por su culpa nunca más volverían a estar juntas. Amy era una de las personas a la que Bunny más quería por lo que estaba muy preocupada pero es que no sabía que más hacer. Pensó en llamar a Armando a Estados Unidos y pedirle consejo pero no quería que se preocupara así que no lo hizo.
Al llegar a la puerta del colegio entró corriendo en dirección a clase con la esperanza de encontrar allí a Amy pero, la clase estaba vacía o, casi. Crisela estaba sentada en su pupitre mirándola con burla. Entonces lo recordó, no habían hablado con la nueva chica y la última vez que habían visto a Amy esta se marcho con la joven del cabello verde. ¿Cómo habían podido pasar por alto ese detalle? Decidida se acercó a Crisela.
- Hola Crisela, ¿qué tal?- le preguntó Bunny tratando de iniciar una conversación.
- Bien, hasta que tu llegaste.- respondió Crisela dirigiendo la mirada hacia otro lado como gesto despreciativo.
- No me conoces.
- ¿Qué?.- preguntó, sorprendida ante tal comentario.
- Si no me conoces ¿cómo puedo caerte mal?.- le dijo Bunny muy seria.
- Sé lo necesario de ti como para que eso ocurra.- sentenció mientras se levantaba y miraba a la chica rubia cara a cara.- Eres mala estudiante, eres torpe, eres tonta y muchas otras cosas que no me apetece recordarte, ¿cómo te extraña, pues, que Amy te desprecie?
- ¿Amy me desprecia?. ¡¡¡¡Eso no es cierto!!!. ¡¡¡Tú sabes donde está!!! ¡¡Dime donde!!.- se separó la joven de Crisela con lágrimas en los ojos.
- Compruébalo tu misma.- girándose en dirección a la puerta.- Hola Amy.
- ¿Amy?
En la entrada de la clase apareció Amy vestida con su uniforme de clase. Muy contenta Bunny corrió a abrazarla pero cuando se acercó Amy se apartó.
- ¿Amy?
- No te acerques a mí.- exclamó la joven del cabello azul con la mirada cargada de odio.- No quiero tener nada que ver con alguien tan inferior a mí.
Sin poder creer lo que estaba oyendo, Bunny salió corriendo de clase. Corrió y corrió hasta encontrarse muy lejos del colegio. Cuando llegó al parque se detuvo, se sentó en el banco y continuó llorando. Al rato una joven se sentó a su lado y se quedó mirándola con benevolencia. Lo único que ella deseaba en esos momentos era estar sola, ¿por qué demonios había tenido que ir a sentarse esa joven con ella?¿ Y precisamente al único banco del parque que estaba ocupado?
- No me gusta estar sola.- respondió la joven como si hubiera leído sus pensamientos.
Bunny dejó de llorar y la miró. Necesitaba a alguien con quien hablar en esos momentos y aquella chica parecía comprensible.
- A mí tampoco.
- ¿Qué haces entonces sola? ¿Y llorando?
- Escapar, supongo.- sonrió.
- Escapas de tu amiga.
Bunny se sobresaltó, de nuevo había dado en el clavo.
- ¿Cómo sabes eso?
- Me lo imagine.
- Es una persona a la que quiero mucho y pensaba que el sentimiento era mutuo, pero desde ayer, se comporta diferente. Me dijo que me odiaba pero yo... no... no puedo creerlo.- terminó la frase mientras comenzaba a llorar de nuevo.
- Pues no lo creas.- le susurró la chica al oído mientras la abrazaba con ternura.- Habéis pasado mucho juntas, te ha demostrado en innumerables ocasiones que le importas mucho. ¿Por qué dejar de creer en ella sólo por una actitud que no le es propia?
- Pero es que...
- Hazme caso princesa...
- ¿Qué has dicho?.- se sobresaltó la chica.
Pero cuando elevó la vista se encontró con que estaba sola. ¿Había sido una ilusión?. No, no lo creía. ¿Un enemigo? Parecía hablar como si la conociera, como si conociera sus secretos. No, su abrazo había sido tan cálido. Entonces, ¿quién?. No importaba, ahora se sentía mucho mejor. Algo le ocurría Amy y ella averiguaría qué era.
**********
Amy permanecía arrinconada en una de las esquinas de su fría habitación.
Estaba agotada. No había querido cerrar los ojos por miedo a que esa mujer volviera de nuevo, además, tampoco había parado de pensar en sus palabras:
"tú no eres una de las tres sailors a las que he venido a buscar", "para que te encuentren antes deberían saber que has desaparecido". Hundida en sus pensamientos no se dio cuenta de como la puerta se abría otra vez. Un hombre (el mismo que la había golpeado en la cabeza) se acercó a ella, la sacó de la habitación y la condujo a través de una serie de pasillos, que la joven fue memorizando, hacia otra habitación que parecía ser un comedor. En el centro había una gran mesa con comida. El hombre la dejó allí y se marchó. Amy fue corriendo hacia la puerta e intentó abrirla pero...
- Es inútil no se abrirá.- escuchó Amy.
Esta se dio la vuelta y se encontró cara a cara con un chico de aproximadamente su edad. Tenía el cabello rubio y los ojos verdes.
- Soy Carlos.- le dijo el chico.- y supongo que tu debes ser la nueva adquisición de esa loca.
- ¿Esa loca?
- Sí, la mujer del cabello fucsia, es la que nos encerró aquí, a mí y a los demás.
- ¿A los demás?
El chico le señaló el otro lado de la sala en donde había otras puertas por las que llegaron dos chicos más y una chica.
- Vamos te presentaré a los demás.
Carlos le cogió la mano y la arrastró hacia la mesa. Le ofreció una silla y llamó a los recién llegados.
- Vaya, una chica nueva.- exclamó un chico de grandes ojos marrones y cabello castaño.- Y además es mona... ¡¡¡ay!!!, que esa es mi cabeza.- se quejó el muchacho del golpe recibido por la chica morena que lo acompañaba.
- ¡¡¡¡Aquí la única que es mona para ti, soy yo!!!, ¿queda claro?
- Dios mío, si con una no puedo, ¿qué vvoy a hacer con dos?. ¡¡¡No lo soportaré!!!.- exclamaba el joven mientras se alejaba de los demás y concentraba su atención en las estrellitas de su sopa.
- Aún le falta mucho por aprender.- suspiró la joven mientras estrechaba la mano de Amy.- Me llamo Inma, ¿y tú?
- Yo... Amy.- respondió la sailor algo desconcertada por todo lo que estaba pasando a su alrededor.
- No se lo has explicado, ¿verdad Carlos?.- inquirió el segundo chico que hasta ahora se había mantenido al margen.
- Je, je, je... no he tenido tiempo Alex.
- ¿Sabéis donde estamos?.- preguntó ansiosa de conocer la respuesta.
- Estamos en...
Pero antes de que pudiera terminar la frase el techo de la habitación desapareció siendo sustituido por un cristal. Al otro lado de este un grupo de personas reían y charlaban. La atención de Amy se centró particularmente en un niño de aproximadamente siete años que no dejaba de mirarla.
- Mira papa hay una chica nueva en la jaula.- gritó el chico.
- Ya era hora.- le contestó el hombre que había a su lado.- Este zoo comenzaba a perder su atractivo.