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Capítulo 1: Sombras sobre la luna
Aquel día todo parecía normal en la escuela preparatoria Juuba, ciudad de Tokio, en uno de los salones, el 1° A, Mina Aino tomaba nota de la lección del día cuando un sonido sordo llegó hasta sus oídos, por unos instantes no supo que podía ser, mas cuando lo identificó una gruesa gota de sudor apareció en su cabeza. Lentamente, para no llamar la atención, volvió la cara y descubrió que no se había equivocado. ¡Serena estaba durmiendo y había comenzado a roncar! Asustada miró al maestro, que aún estaba escribiendo en la pizarra, rápidamente de volvió y comenzó a mover a su amiga en un intento por hacerla reaccionar.
-Psss...Psss...Serena...Serena despierta por favor...-en eso estaba cuando una tos áspera sonó a su espalda.
-Cofff...cofff...¿Señorita Aino, qué está pasando aquí?-Antes de que Mina pudiera pensar en alguna excusa un nuevo ronquido de Serena se dejó escuchar. El maestro, incrédulo, miró detrás de Mina y se encontró con la durmiente-¡Señorita Tsukino!-Serena despertó sobresaltada y dijo lo primero que se le ocurrió.
-Te castigare en el nombre de la Luna-todos rieron menos el maestro. Así las cosas, Serena y Mina terminaron castigadas el resto de la clase.
-¿Qué te pasa Serena?-preguntó Mina, un poco enojada con su amiga.
-Yo...No he dormido bien-respondió Serena con el rostro ruboroso de pena.
Por un momento la joven princesa pensó en contarle a Mina sobre su sueño, pero ésta se veía tan molesta que Serena desechó la idea. Más tarde, durante el descanso, Serena acudió a los sanitarios de la escuela y, entrando a un apartado, liberó a su vejiga del exceso de carga. Sus ojos le dolían por la falta de sueño. Pero casi tenía miedo de cerrarlos, la pesadilla de la noche anterior aún estaba presente en su mente, tenía miedo de recordar las formas de esas sombras que había visto; aunque se daba cuenta de lo ridículo que sonaba. En eso el apartado se sacudió con violencia al tiempo que dos voces airadas discutían al otro lado de la puerta.
-¡Aléjate de mi novio!-Gritaba una chica.
-¿Tú novio?-replicó otra burlonamente-Qué raro. ¡No recuerdo que tuviera tu nombre escrito en su cuerpo! Tal vez deba fijarme mejor la próxima vez- aquel comentario irritó a Serena y mentalmente animó a la ofendida a poner a esa engreída en su lugar. Pero había algo en aquella voz irritante...Algo familiar.
-¡Te lo advierto, Ami...! ¡Déjalo en paz!
La princesa de la luna estuvo a punto de caer de asiento. ¿Ami? Acaso...
-Imposible-pensó.
Al otro lado de la puerta la discusión subía de tono.
-¡No me amenaces, perra estúpida!
Esta vez no había duda.
-¡Ami!-gritó Serena desde el interior del apartado.
-¿Quién está ahí?-preguntaron al mismo tiempo las dos rivales.
Serena se subió las bragas y se acomodó la falda lo más rápido que pudo, abrió la puerta y tuvo que recargarse en el dintel para no caer. ¡Era su amiga Ami Mizuno quién discutía con aquella chica!
-Serena-dijo Ami al verla.
La chica ofendida miró con odio la recién llegada y, creyendo hallarse ante dos enemigas, dio un paso atrás.
-¡NO HEMOS TERMINADO!-gritó antes de salir corriendo.
Desconcertada, Serena miró a la joven salir del baño, su mente era un mar de confusión. El sonido del grifo del agua la hizo volver a la realidad, a su lado Ami se lavaba las manos, sin preocuparse por lo ocurrido.
-¿Ami?-dijo Serena acercándose a ella-¿Qué fue todo eso? ¿Porqué discutían así?
Ami no le respondió, ni siquiera la miró, estaba ocupada admirando su reflejo, acomodándose el cabello y la ropa con indiferencia, al terminar comenzó a caminar hacia la salida. Confundida la princesa de la luna intentó detenerla, pero antes de que su mano pudiera tocar el brazo de Ami esta se volvió y de un fuerte manotazo la hizo desistir.
-¡Métete en tus asuntos Serena!
El dolor paralizó a la joven rubia, pero no tanto como el miedo que le provocó ver a Ami de frente. El mismo cabello azul, corto y sedoso, los mismos rasgos de singular belleza...Pero esos ojos...esos ojos eran fríos y crueles, más que los de sus antiguos enemigos, y esa sonrisa parecía la mueca de un animal feroz.
La princesa de Mercurio se acercó a Serena y ésta retrocedió, tenía miedo, por suerte un grupo de jóvenes entró al baño y Ami se retiró hacia la salida. A sus espaldas quedaba una chica confundida y temerosa. El resto de la jornada transcurrió sin que Serena pudiera concentrarse en otra cosa que no fuera la extraña conducta de su mejor amiga. Al sonar la campana de salida Serena se apuró a ganar la puerta principal, sabía que Ami saldría a la misma hora ese día, tenía que hablar con ella. Atentamente vio pasar a los demás estudiantes hasta que finalmente ella apareció. Ami pasó a su lado como si no estuviera y camino rápidamente calle abajo, Serena decidió arriesgarse y comenzó a seguirla, pero cuando ambas llegaron a la esquina un automóvil se detuvo frente a Ami y alguien abrió la puerta. La chica del pelo azul hizo un caravana y se dispuso a subir al vehículo.
-¡Ami espera!-el grito de Serena la detuvo. Al llegar junto a Ami la joven princesa notó algo sorprendente, ella estaba sonriendo y la expresión de su rostro era tan dulce como siempre. Pero antes de que Serena pudiera decir algo el conductor se apeó del carro y con pasos rápidos se colocó a un lado de Ami. Era un hombre de unos 40 años, alto y de complexión atlética, su rostro era muy varonil y hasta podía decirse que era guapo. Su cabello era negro aunque algunas canas se hacían presentes en sus sienes. Llevaba unas gafas oscuras y una chaqueta de piel color café, pantalones de mezclilla y unas botas de aspecto militar.
-¿Ocurre algo, Ami?-preguntó aquel desconocido.
-No papá-respondió la chica del cabello azul mientras tomaba el brazo de ese hombre.
Las palabras de Ami resonaron en la cabeza de Serena.
-¿Papá? ¿Aquel hombre era...?
-Serena te presentó a mi padre-dijo la princesa de Mercurio como si adivinara la pregunta que su "amiga" estaba a punto de hacerle. Serena sólo acertó a hacer un caravana como saludo. Las palabras estaban atascadas en su garganta.
-Mucho gusto, señorita-dijo el hombre cortésmente-Ami me ha hablado mucho de usted.
Serena rió tontamente, estaba al borde de un ataque de nervios, mientras miraba al supuesto padre de su amiga.
-Debemos irnos-dijo con autoridad y Ami saltó literalmente dentro del coche, la puerta se cerró casi con violencia, él hombre corrió a su lugar y también abordó el vehículo. Sin más arrancaron y desaparecieron entre el tránsito. Serena los vio perderse en la lejanía antes de caer de rodillas, estaba conmocionada por todo aquello.
Ciudad Gótica.
Las patrullas estaban estacionadas arbitrariamente fuera del restaurante "El feliz Joe", situado en el centro, detrás de los coches varios policías apuntaban sus armas, escopetas y revólveres, contra aquel lugar. A sus espaldas la unidad especial se preparaba; hombres equipados con escudos de acero, chalecos antibalas, cascos protectores. Armados con rifles de asalto y granadas de gas lacrimógeno. Sólo esperaban la orden. En medio de aquel caos se encontraba el comisionado James Gordón, expectante y nervioso, esos casos eran los que lo hacían desear no ser un policía. Adentro del restaurante había al menos veinte rehenes en manos de un loco que horas antes había asesinado a su esposa y a sus dos hijos, de 5 y 10 años respectivamente, para luego salir disparando contra sus vecinos.
Alguien llamo a la policía y se inició un persecución que terminó en aquel lugar, cuando los disparos de sus hombres hicieron que el loco se estrellara de frente contra aquel establecimiento, la carrocería incrustada en el escaparate lucía como una curioso anuncio; pero no había sido suficiente el tipo salió del coche accidentado disparando una subametralladora y asesinando a cuatro policías. Entonces llegaron los refuerzos y el desgraciado no tuvo otro camino que parapetarse, junto con los comensales sobrevivientes, para enfrentar a las autoridades.
-Estamos listos comisionado-la voz del obeso teniente Bullock lo sacó de sus reflexiones.
- ¿Listo para qué?-dijo Gordón mirando a los hombres armados.
-Para detener a ese loco-respondió Bullock cortando cartucho en su pistola.
-¿Se olvida de los rehenes teniente?
-No-respondió el grueso policía impaciente por entrar en acción-Es por eso que debemos actuar ya.
Gordón no confiaba en Bullock, era un buen policía, pero demasiado impulsivo y ansioso de "patear traseros". Aún así, esta vez podía tener razón. Gordón estaba a punto de otorgar el permiso cuando una gran sombra pasó sobre ellos.
-Esperaremos-ordenó mientras observaba atentamente el local, él había llegado.
El interior del restaurante se encontraba casi en penumbras, el choque del Datsun sospechoso había provocado un corto circuito, y el intercambio de fuego con la policía había acabado con varios focos y lámparas. Sólo quedaban algunas luces de emergencia y los faroles del auto para iluminar aquella escena. El sospechoso se mantenía detrás del vehículo, amartillando su sub-ametralladora, a sus espaldas varios comensales permanecían juntos, como niños asustados, varias mujeres lloraban y otros, que habían resultado heridos en el tiroteo de quejaban de dolor. El suelo estaba cubierto de café, crema y azúcar, pedazos de pastel y hamburguesas. Las luces de las torretas se deslizaban por las paredes como burlones fantasmas.
-¿Qué esperan?-murmuró alguien en las sombras.
-Que los libere-dijo el sospechoso volviéndose hacia sus víctimas-O que lo mate de una vez.
Un helado silencio cayó sobre todos. El hombre vio un brazo que salía de abajo de su auto, alguien había muerto atropellado cuando su Datsun entró al restaurante, luego miró hacia el fondo del local, ahí pudo contemplar tres cadáveres, todos por heridas de bala, estaban recargados sobre la pared, donde negras manchas marcaban el lugar de su muerte.
-¿Saben?-dijo casi sonriendo-Si ellos hubieran sabido lo que viene me hubieran pedido que los matara de todos modos-nadie respondió-Sí...Creo que debo liberarlos también a ustedes.
Todos sintieron un vuelco al corazón cuando el sospechoso levantó su arma contra ellos. Ninguno supo de donde salió aquella cosa brillante, sólo escucharon el silbido en el aire y vieron cómo su captor bajaba el arma presa de un agudo dolor en su brazo. Lo vieron mirar algo al fondo del local y comenzar a disparar. Luego algo salió de las sombras, algo que les dio miedo, pero también esperanza.
-¡Batman!-gritó alguien.
Al tiempo que el señor de la noche descargaba su puño sobre la mandíbula de aquel demente. Éste intentó accionar su arma una vez más, pero una tremenda patada halló blanco en su estomago, sintió que sus viseras estallaba por la fuerza del golpe, y lo mandó a estrellarse contra el mostrador.
-¡SALGAN AHORA!-ordenó su salvador.
Al instante todos, aún los heridos se levantaron y salieron por el agujero en el escaparate. Afuera los policías, un poco sorprendidos, los ayudaron a ponerse a salvo.
Mientras tanto, en las sombras del local, la batalla no había terminado. El sospechoso comenzó a disparar a tontas y locas, intentando herir a aquel intruso. Pero todos sus disparos rebotaban salvajemente contra las paredes. Como pudo se puso de pie e intentó escapar por el fondo del restaurante, sólo para sentir de nuevo el impacto de un puño poderoso estrellarse contra su rostro. El loco cayó de nuevo y esta vez Batman pudo patear lejos a su mortífera acompañante.
-¡Tú no lo entiendes...!-balbuceó el hombre-¡Ellos vienen!... ¡El cielo está por caer...! ¡Los días del hombre están contados!
Batman lo miraba inmutable, aunque de algún modo sus palabras lo hicieron recordar la pesadilla de la noche anterior. El hombre seguía delirando, cada vez más violentamente, hasta que rompió en verdaderos alaridos.
-¡Llll-NGLUI, NNN-LAGL, FHTAGN-NGAH, AI YOG-SOTHOTH!... ¡CUANDO LAS REJAS SE ABRAN Y LAS CADENAS SE ROMPAN ÉL SERÁ EL PRIMERO EN LLEGAR!...¡ENTONCES ENVIDIARÁN A LOS MUERTOS!-los gritos del hombre no se detuvieron aún cuando la policía entró al restaurante. De inmediato los agentes rodearon al hombre arrodillado, encañonándolo con sus armas, pero él no les prestó atención. Sus ojos estaban fijos en la nada, su cuerpo se movía como un grotesco péndulo, y de sus labios rotos por los golpes no dejaba de brotar aquel extraño rezo. Todos los presentes pudieron sentir que la temperatura bajaba, como si el calor escapara de alguna forma incomprensible, al tiempo que la oscuridad se hacía más intensa. Algunos incluso miraron a su alrededor, como esperando que de un momento a otro algo surgiera de entre las sombras.
-¡CÁLLATE DE UNA VEZ, HIJOPUTA!-rugió el teniente Bullock dándole al hombre un fuerte puntapié en pleno rostro, varios dientes salieron volando.
-¡BASTA TENIENTE!-gritó Gordón, que en ese momento entraba al local-¡NO TOLERARÉ ACTOS DE BRUTALIDAD EN MI UNIDAD! ¡¿QUEDA CLARO?!
Bullock bajó la cara, parecía sorprendido de su propio acto. Batman observaba todo en silencio, era tiempo de marcharse, pero al dirigir una última mirada al sospechoso tendido en el suelo una gran mancha negra llamó su atención.
-¡Jim!-gritó al tiempo que se acercaba al hombre tendido. Todos lo vieron cuando levantó la cabeza del hombre, dejando al descubierto el manantial de negra sangre que le brotaba por la boca. Gordón se volvió furioso hacia Bullock, pero Batman hizo un anuncio estremecedor-¡Se ha cortado la lengua!
-¡UNA AMBULANCIA!-gritó el comisionado.
Los oficiales retrocedieron, aquello los había tomado por sorpresa. Más tarde, cerca del amanecer, Gordón y el caballero negro se reunieron en la comisaría.
-Esto es de locos-comento Gordón dejándose caer pesadamente en su sillón. A su lado Batman revisaba el expediente del extraño maniático. Sus ojos se movían rápidamente y su semblante, oculto bajo la mascara, se tornaba cada vez más duro.
-¿Nick Callagan?-dijo sorprendido-Pero si es uno de los Parapsicólogos más respetados de Ciudad Gótica.
-Tal vez de todo el país-afirmó Gordo-No tiene antecedentes de ningún tipo, no es adicto a nada extraño y sus ingresos mensuales son de 50,000 dólares por concepto de libros vendidos y conferencias. ¡Por Dios Batman, qué le pasó a ese hombre!
Batman no respondió, estaba mirando las fotos de la casa de Callagan, las figuras en tiza de los cuerpos de su esposa é hijos. ¿Qué le había ocurrido a Nick Callagan? Nada que tuviera que ver con Dios, seguramente.
-Además no es él único-dijo Gordón casi para si mismo. Batman se volvió hacia su amigo, quien en silencio le extendió varios expedientes; todos relacionados con psíquicos. Algunos eran meros adivinos de barriada con nombres tan estrafalarios como "El admirable Waite" o "Lobo negro Donnan". Pero había también nombres de respeto como el Dr. Marc Hutson físico, químico y experto en fenómenos paranormales; con un título reconocido por la universidad de Miskatonic. Un hombre respetado y admirado incluso por los escépticos. También estaban otros que no perecían tener relación con cosas sobrenaturales como el Dr. Charles LeFanu, lingüista, antropólogo cultural y arqueólogo graduado en la universidad de Yale. Todos habían muerto en el transcurso de un mes. Treinta personas suicidándose sin razón aparente, sin dejar notas que explicaran el motivo de su fatal decisión.
-Por suerte casi todos vivían lejos de sus familias-comento Gordón-Sólo Callagan los tenía a su alcance.
Batman se guardo los expedientes, sabía que para eso se los había dado el comisionado, para investigar fuera de las ataduras de la policía.
-Estaremos en contacto Jim-dijo acercándose a la ventana.
En ese momento el timbre del teléfono se dejo escuchar.
-Gordón-dijo el viejo policía levantando el teléfono. Su rostro se torno pálido y colgó sin decir nada-Callagan murió.
Batman salió por la ventana.
En algún lugar del océano Pacífico.
La suave brisa procedente del mar acariciaba los amplios ventanales de aquella habitación. En su interior reinaba una pesada oscuridad, interrumpida solamente por la pálida luz de las pantallas de televisión, cuatro en total, que colgaba del techo como grotescas arañas de ojos brillantes. Recostaba frente a ellas, en una cama por demás amplia, se encontraba un figura grácil, cubierta por un exquisito kimono de color azul, cuyos ojos grises estaban fijos en las grandes pantallas donde se proyectaban crueles imágenes de soldados, o al menos hombres con trajes militares, violando salvajemente a un grupo de mujeres de nacionalidad desconocida. Todas recibían golpes, patadas y, tarde o temprano, la muerte. Algunas eran colgadas de los pies y degolladas, otras eran mutiladas poco a poco con gruesas pinzas de hierro y recibían descargas eléctricas que les producían negras quemaduras.
Ella se arqueó ligeramente mientras sus manos abrían los pliegues del kimono, no llevaba nada debajo, dejando que sus piernas quedaran al descubierto. Suavemente comenzó a frotar sus muslos, sintiendo un intenso calor que le nacía entre sus piernas. Se incorporó un poco para ver mejor, dejando que la tela resbalara por sus hombros, la humedad de su vulva escurría hasta las sabanas de seda; casi tan rápido como la sangre en las pantallas. En la medida en que la violencia aumentaba su respiración se fue convirtiendo en un jadeo.
-¡Aaaayyyyyy!....¡Aaaaaayyyyyyyyy!....-eran los únicos sonidos que se escuchaban, pero no venían de los aparatos, ya que los vídeos no tenían audio, sino del otro lado de la habitación. Por un momento desvió la mirada hacia las sombras, donde dos siluetas resaltaban, una era indudablemente femenina, de larga cabellera que le llegaba por debajo de la cintura, con delgados brazos que permanecían sujetos al techo por una gruesa cadena, sus pies estaba sujetos también; impidiéndole escapar de los latigazos que le propinaba la otra silueta. Esta era casi indefinida, encorvada y famélica, de miembros largos y deformes. Sus manos estaban provistas de delgados dedos, aunque no los tenía completos, que sujetaban con fuerza aquel látigo de cáñamo con el cual laceraba a su víctima. A sus pies se notaba un bulto adherido a su entrepierna-¡Aaaaayyyyyy!...¡Aaaaayyyy!...¡Por favor Amo!...¡Piedad!...¡Ya no amo!... ¡YA NOOOO!-pero aquellos gritos de dolor no obtenían otra respuesta que el silbido del látigo rasgando el aire. Extasiado aquel oscuro verdugo contemplaba los negros canales, de bordes rojizos, que el látigo dejaba sobre la piel de la chica colgada. Desde la cama, ella veía el brazo descargar su furia una docena de veces, antes de volver la mirada hacia los televisores que en ese momento mostraban una serie de accidentes, todos sangrientos, choques automovilísticos y tiroteos. Pero la visión de aquel cuerpo contorsionándose en la oscuridad la atrajo de nuevo, la humedad en su entrepierna era incontenible, la intensidad y frecuencia de los golpes aumento cuando el verdugo se percato de que había llamado su atención-¡AAAAAYYYYYY!.... ¡Noooo!...¡YA NOOOOO!...-sollozaba la víctima, gritando cada vez que el látigo le quemaba la carne. Cansado el hombre se detuvo y dejó que el cruel instrumento cayera de sus manos, de un manotazo apartó al bulto que estaba a su pies y caminó hacia la chica, al hacerlo la suave luz de las pantallas lo hizo un poco más visible. Dejando ver aquella piel manchada y reseca, brillante por el sudor, cubierta de profundas cicatrices que le recorrían todo el cuerpo como si se tratara de un rompecabezas viviente. Pero lo más perturbador era su rostro, si lo que tenía en la parte delantera de su deforestado cráneo se podía llamar así, carente de labios y nariz como una calavera apenas cubierta de piel, uno de sus ojos era una masa azulada e inservible que permanecía fija como el ojo de un buitre. Su otro ojo estaba inyectado de sangre y lujuria, y se movía compulsivamente. Aquel extraño espectro volvió a desaparecer en la penumbra.
Pero ella pudo ver cómo llegaba hasta la chica atada.
-Amo-gimió al sentirlo cerca-Perdóname amo...por favor...perdóname....
Él no contestó. Sólo contempló el cuerpo desnudo, convulsionado por el dolor y las lágrimas. Una mueca iluminó su cadavérico rostro, un chasquido se dejó escuchar en la habitación, al momento el bulto se puso de pie y caminó de prisa al encuentro del hombre. Se trataba de otra chica, con la cabellera igualmente larga, sus pechos se agitaron al postrarse ante su amo. Éste le señaló a su víctima y ella se acercó al punto. Sin decir nada se arrodillo detrás de la otra y sin miramientos le separó las lastimadas nalgas para hundir su lengua en ano, la chica torturada se estremeció, todo su cuerpo ardía a causa de los golpes, pero aquella caricia le brindó un alivio casi milagroso, y es que todo era parte de un juego cruel que su amo les había enseñado hacía mucho, pronto se sintió excitada cuando los dedos de su compañera comenzaron a explorar su ano, lubricándolo con la saliva que le había dejado antes.
Entonces el amo apartó a su compañera y colocando su gruesa verga en la entrada del esfínter la penetro sin piedad, hasta el fondo. En seguida comenzó a moverse frenéticamente para que ella padeciera el rigor de su arma amatoria.
-¡Aaaaaaayyyyyyy!...¡Aaaaayyyyyy!-gemía al sentir cómo los movimientos de su jodedor abrían de nuevo las heridas en su cuerpo. Pero su amo estaba ansioso, enloquecido, y los grito sólo le daban fuerza para moverse con más entusiasmo. Aquella cosa de descomunales dimensiones entraba y salía del tentado culo de la víctima-¡Aaaahhhhh!...¡Aaaahhhhh!...¡Amo!...¡AMO!- exclamó moviéndose al ritmo que le imponía su feroz cabalgador. El amo se aferró a sus pechos y los apretó con rabia mientras hundía más aún su erecta lanza.
-¡TOMA...! ¡TOMA...!- grito él, con un voz que sonaba metálica é inhumana.
La observadora respiraba ya sonoramente, frotándose los muslos entre sí, sus sensaciones eran cada vez más poderosas. Pudo sentir cómo iban tomando forma a medida que la humedad escurría con mayor fuerza, mientras sus dedos jugueteaban con su clítoris; sus pechos se sentían dolorosamente erectos bajo la palma de su otra mano. Por un momento se recostó totalmente dejando que su larga cabellera plateada se desparramara por las almohadas. Pronto adivino que él estaba por terminar y resoplando se incorporó para no perder de vista las siluetas.
-¡AAAAAAAAHHHHHHHH!-gimieron al mismo tiempo y alcanzaron el clímax. Jadeando la figura fantasmal se apartó de su presa y, poniéndose una bata, salió de la habitación. Sin prisa se acomodó la bata, su lacerado cuerpo se mostró claramente, pues en esa otra habitación las luces estaban encendidas. Con pasos lentos llegó hasta una pequeña barra y se sirvió una copa de aromático Oporto. Sin embargo, la falta de labios lo obligo a colocar una pajilla en la bebida para poder ingerirla. Aún así la disfrutó. Orgulloso miró por los grandes ventanales y contempló su propiedad, aquella gran mansión construida al estilo de los altos señores del Japón feudal, provista de altos techos de teja y terrazas, rodeada de muros y puestos e vigilancia. Pero sobre todo le encantaba el lugar donde se levantaba. La isla Gojira, su isla privada, rodeada de arrecifes y altos picos de piedra que hacían casi imposible que alguien llegara hasta su casa, a no ser que usara el puerto que él había construido. Todo eso le había costado un fortuna.
Pero tenía el poder para hacerlo, porque él era Hota Daimon, dueño de una de las más poderosa compañías multinacionales, cuyas ramas iban desde los negocios hasta la industria militar, pasando por el desarrollo científico en todas sus áreas. Pero aunque tenía aquel poder, y los placeres que este le brindaba, había algo que anhelaba, VENGANZA. Venganza contra aquellos diablos blancos que habían dejado caer aquel infierno sobre su nación, que lo habían convertido en aquella masa informe y grotesca. ¡Venganza! Era lo único que quería. Estaba a punto de dar otro sorbo a su bebida cuando una voz sonó a sus detrás de él.
-Tu momento ha llegado, amado sabio.
Hota se volvió sorprendido. A sus espaldas se encontraba una mujer alta y esbelta, envuelta de pies a cabeza en una gruesa capa negra. Al verla detenidamente su alma se agitó.
-¿En verdad eres tú?-preguntó incrédulo.
Por toda respuesta la mujer se hizo a un lado, dejando ver el objeto detrás de ella. Se trataba de un gran cofre de piedra verde, labrado con extraños símbolos y una escritura tan antigua que resultaba espantosa a simple vista. Pero Hota no dudó en acercarse al cofre y dejar que sus manos lo tocaran, las retiró de inmediato al sentir el calor que emanaba de aquel objeto.
-¿Esto es...?-las palabras murieron en su garganta. Ella se había ido. Sino fuera por el pesado y antiguo cofre que permanecía frente a él hubiera creído ser víctima de una alucinación. Ansiosamente examinó de nuevo aquella cosa. La puerta se abrió y la chica del kimono entró mirando en toda direcciones. Era una chica de unos 14 años, esbelta y bien formada, de senos medianos y caderas delicadas, su larga cabellera plateada le daba un aspecto casi celestial. -¿Con quien hablas, padre?
- La fiesta terminó-dijo Hota sin molestarse en responder a su hija. Ésta no insistió y, descubriendo aquel objeto de piedra, se acercó al viejo espectro quien lo examinaba lleno de curiosidad.
-¿Qué es eso, padre?
Hota no le contestó. Simplemente comenzó a darle ordenes en tono imperativo.
-Dile a Jato que venga y lleve este cofre al laboratorio. Ayuda a Noa a desatar a su hermana (Uma) y que las dos me esperen abajo en una hora...Y tú....mi querida Yoshira sabe que pronto tendremos lo que tanto hemos esperado.
Sin decir más el señor Hota partió hacia su habitación para cambiarse de ropa. Yoshira lo vio partir y volviendo sobre sus pasos se dispuso a obedecerlo.
Afuera, de pie sobre la torre más alta, una mujer envuelta en negra capa miraba lo que había pasado en la mansión.
-Pobre -pensó antes de desaparecer sin dejar rastros.