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DE LLUVIA, AMOR Y OTRAS COSAS...
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(Este corto relato se sitúa poco después de que se descubre que Usagui es la verdadera princesa de la Luna, cuando la reina Beryl se apodera de Endimyon)
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La lluvia caía a cántaros sobre la ciudad, cosa que la entristecía bastante, era como si la tarde derramara las lágrimas que ella, por mero orgullo, se negaba a llorar. Se acomodó en el marco de la puerta de la sala de estar, la que daba al patio trasero, y siguió contemplando la lluvia. En cada gota lo veía reflejado a él, sus ojos azules, su cabello negro, su afable sonrisa... Por un momento se sintió una perfecta masoquista. Le dolía recordarlo, pero le gustaba revivir cada momento que pasó junto a él, cada cita, cada mirada...
En verdad dolía...
Lanzó un largo suspiro.
Cuando supieron que la princesa que con tanto afán habían buscado era ni más ni menos que la tonta de Usagui, sintió que algo le pinchaba el pecho, pero, cuando les fue rebelado que Mamoru era la reencarnación del príncipe Endimyon, eterno enamorado de la princesa de la Luna; escuchó que su corazón se quebraba en mil pedazos... ¡Demonios!... Algo dentro de ella siempre le decía, cada que estaba con Mamoru, que él no era feliz a su lado, que él siempre estaba en todos lados, menos con ella...
Siempre lo sospechó...
Siempre estuvo consciente de ello, aunque no quisiera aceptarlo...
La lluvia se intensificó más. Hacía tanto escándalo que no le dejaba oír sus propios pensamientos, cosa que le agradeció, pues no dejaba de torturarse con bellos recuerdos que supo nunca volverían a repetirse.
Se sentó en el piso y siguió contemplando las gotas que se estrellaban con fuerza contra el suelo. El ruido de la lluvia, inconscientemente, le recordó un rostro...
Usagui...
Usagui, ella, su razón de pelear y de vivir, muy a su pesar. Ella, su princesa, su... amiga... le dolía tanto decirlo... pero Usagui no tenía la culpa de lo que pasaba, y no quería culparla, claro... pero ella era el verdadero amor de Mamoru, ella era lo que Mamoru tenía en mente todo el tiempo... ella... Usagui... su princesa...
¿Por qué no podía dejar de torturarse?... Definitivamente era una masoquista...
La lluvia no dejaba de caer, no le daba ni un respiro a la tierra, ni tampoco a su corazón... ¿Cómo podía la lluvia ser tan cruel con ella?...
Vaya tarde...
<TOC, TOC, TOC>
"!Rei!... ¿Estás en casa?"
Se puso de pie al escuchar la voz que la llamaba. Rápido la reconoció, era Ami. Corrió a la puerta y dejó pasar a una mojada Ami. La pobre escurría agua por todos lados, su uniforme se le pegaba al cuerpo como una segunda piel, haciéndola temblar de frío.
"Por Dios, Ami-chan, ¿qué hacías afuera con ésta lluvia?", le preguntó, llevándola hasta su dormitorio para prestarle una toalla y algo de ropa.
"Estaba en uno de mis cursos intensivos", explicó "Cuando salí ya había comenzado a llover, pensé que podría llegar a casa, pero no lo logré".
"Anda, cámbiate o va a darte una pulmonía", dijo mientras le ayudaba a quitarse la blusa.
"Gracias, Rei-chan, espero no causarte molestias".
"Claro que no", sonrió "ponte ésta ropa, voy a poner a secar tu uniforme y te prepararé un té".
"Gracias".
Rei le sonrió de nuevo antes de ir al cuarto de lavado para poner la ropa en la secadora. Por un momento, Ami le había hecho olvidar el motivo de su tristeza, cosa que le agradeció mentalmente. Dejó la ropa y fue a la cocina para calentar un poco de té, en cuanto estuvo, sirvió dos tazas y unas galletas en una charola y la llevó al dormitorio. Ami ya se había terminado de secar, traía puesta una camiseta negra, bastante larga, y un short de licra blanca. Su cabello era un desastre, se veía muy graciosa y no pudo contener la risa cuando se sentó frente a ella.
"Bébelo, te hará bien", le dijo, ofreciéndole una taza.
"Gracias, Rei-chan, me salvaste de morir ahogada allá afuera", volvió a agradecerle, mientras le soplaba al vapor del té.
"Ya te dije que no me des las gracias, lo hago con gusto".
"Bueno, lo menos que puedo hacer es ayudarte con tu tarea".
"Está bien".
Entre té, galletas, libretas y una agradable charla, se fue una considerable parte de la tarde. El compartir risas con una gran amiga, hizo que su corazón tuviera fuerzas para intentar sanar sus heridas de amor. Ami era una chica sumamente agradable, atenta, cordial, gentil... en una palabra, era única. Pero, también, era muy perceptiva e inteligente, y no tardó en notar cierto aire de tristeza en Rei, incluso, ya sabía a qué se debía esa tristeza.
"Rei-chan...", murmuró, aprovechando unos segundos de silencio.
"¿Qué pasa?".
"Somos amigas, ¿o me equivoco?".
"No".
"Entonces, no tienes que fingir conmigo. Sé que te sientes mal y, también, el porqué", dijo de la forma más sutil que pudo, "Espero no ser inoportuna ni indiscreta, pero no me gusta que estés así".
"Ami-chan, no es lo que piensas", alegó, tratando de hacer el tema a un lado, "Es sólo que la lluvia me deprime un poco, eso es todo".
"Mentirosa".
"Digo la verdad".
"No es cierto. Ya sé que crees que soy muy ingenua, pero no es así. El asunto de Mamoru-kun y Usagui-chan te tiene en ese estado".
"¡En todo caso, eso no te importa!", le gritó, tratando, inútilmente, de contener las lágrimas; y sujetándola del cuello de la camisa.
Ami había dado en el clavo, y le dolió mucho. Quería golpearla, pero no pudo; quería huir, más su cuerpo estaba paralizado... Se quedaron así varios segundos, hasta que Ami hizo el primer movimiento.
"Rei-chan, lo siento, no quise lastimarte", susurró la chica, abrazándola con fuerza.
Rei se desplomó por completo y se soltó a llorar en el hombro de su amiga. El llanto de Rei era tan desgarrador que incluso tapaba el escándalo de la lluvia. Ami se limitó a cerrar los ojos y dejar que ella se desahogara hasta hartarse.
"Siempre supe que él no me amaba", decía entre lágrimas, "pero no quería aceptarlo, por que yo si lo quería... lo amaba... aún lo amo".
"Lo sé", respondió Ami con suavidad, mientras acariciaba su cabello.
"Dime qué puedo hacer para sacarlo de mi mente".
"El tiempo, Rei-chan, deja que el tiempo haga lo suyo. Será doloroso, pero, te juro, que tarde o temprano vas a olvidar ésta experiencia y encontraras quien te ame de verdad".
"Ami-chan..."
No paró de llorar en lo que restó de la tarde, incluso comenzó a dolerle la garganta, pero eso no la detuvo para nada. Terminó en el regazo de Ami, quien no le dijo ni una palabra en todo ese rato. Sintió que las lágrimas de Rei comenzaban a empaparle las piernas, más no hizo ningún comentario, no se atrevía a hablar. Siempre había considerado a Rei una chica fuerte y decidida, pero, ahora, la veía tan indefensa como un cachorro recién nacido; lo único que podía por ella hacer era cobijarla del frío de la tristeza. Cosa que, sin saberlo, logró.
"Lo único que hubiera deseado de él, era un beso de despedida", murmuró la chica, sollozando, aunque poco más tranquila. "Sólo un beso..."
Ami tampoco dijo nada, pero se inclinó para darle un beso en la cabeza y calmarla con suaves caricias en su espalda.
La noche llegó. La lluvia no cesaba. Rei se había quedado dormida sobre las piernas de Ami, su rostro aún estaba bañado en lágrimas, más la tristeza en el mismo era menos que antes. Le oía suspirar entre sueños, cosa que le tranquilizó a ella también.
"¿Ya estás mejor, Rei-chan?".
Un pequeño suspiro fue la respuesta.
Ami sonrió y se levantó con cuidado para acomodar a Rei en su cama, tratando de no despertarla. Su amiga necesitaba dormir. Apagó la luz, se disponía a marcharse cuando Rei habló dormida, sacándole un buen susto.
"Mamuro-kun...".
"¿Rei-chan?".
Se acercó un poco, comprobando que ella seguía profundamente dormida, pero estaba soñando con Mamoru.
"... no me dejes..."
Ami se inclinó junto a la cama y pasó su brazo por los hombros de Rei, esperando que eso tuviera algún efecto.
*
*
Lo veía alejarse por un sendero tapizado de rosas rojas. Corría tras de él, le gritaba que no la dejara sola, pero no parecía darle alcance. Mamoru volteó, pidiéndole a Rei que se detuviera...
"Lo siento, pero yo no te amo... no quiero hacerte sufrir... entiéndelo..."
Rei le sonrió y caminó hasta él, ésta vez sí logró acercarse a su lado.
"Comprendo...", dijo, dejándose caer sobre el pecho de Mamoru.
Sintió con toda claridad la calidez de su abrazo, cosa que la puso feliz.
"No volveré a pedirte que sigas a mi lado, guardaré nuestra relación como un hermoso recuerdo, seremos amigos... tenlo por seguro... pero, sólo quiero pedirte un último favor".
"¿Cuál?".
"Dame un beso... sólo uno... prometo que con eso voy a olvidarme de ti...".
"De acuerdo"
Rei levantó el rostro y cerró los ojos. Mamoru se inclinó un poco y posó sus labios sobre los de ella. Eran tan cálidos, dulces, suaves... tan... reales... y tan... perceptibles. No podía creerlo. Una parte de su interior le decía que aquello era un hermoso sueño, pero se sentía tan real ese contacto, que seguía sin creerlo. El beso, aun que breve, fue apasionado.
Mamoru la soltó con cuidado y murmuró un "adiós" apenas audible, antes de seguir su camino por el sendero de rosas. Rei le vio alejarse, más ya no hizo el intento de seguirlo, en cambio, dio media vuelta y se encaminó en otra dirección, sin volver a voltear.
"Gracias...", dijo, mientras se dibujaba una sonrisa en sus labios y una pequeña lágrima salía de sus ojos, "... y buena suerte..."
*
*
Llegó la mañana del sábado, eran como las nueve de la mañana, Ami desayunaba tranquilamente en el comedor; incluso ya se había olvidado del pequeño accidente de la noche anterior, bueno, no olvidado, si no que trató de ya no tomarlo en cuenta.
<RING, RING>
Se levantó para contestar.
"Sabía que ya estabas despierta", dijo la voz al otro lado de la línea, era Rei.
"Buenos días, Rei-chan"
"Buenos días, Ami-chan"
"¿Cómo te sientes?"
"Mucho mejor...", hizo una breve pausa, "Oye, por lo de ayer... no tengo palabras con que agradecerte lo que hiciste por mí... En verdad me hiciste un gran favor... yo... te debo una..."
"Rei-chan, yo sólo actué como lo habría hecho cualquiera que se considere tu amiga..."
"Oh, vamos, debe haber algo que pueda hacer por ti"
"Dejémoslo así... si dices que me debes una, podemos decir que ya me la pagaste"
"¿Eh?"
Ami sonrió al imaginarse la cara de confusión de Rei. En cuestión de segundos, recordó todo lo que había pasado anoche, justo cuando Rei comenzó a tener ese sueño con Mamoru:
Ya había soltado a Rei, seguía de rodillas junto a la cama, pero su rostro era la confusión pura. Sus mejillas estaban tan rojas como una manzana. Se tocó los labios, que temblaban, nerviosos, y no dejaba de mirar a Rei con algo de miedo. ¿Cómo fue que se le ocurrió hacer tal cosa con su amiga?
"Dios..."
Viendo que Rei seguía hablando entre sueños, puso atención a lo que ésta decía. Rápido captó el hilo de lo que ella soñaba. Siguió abrazándola al ver que había sonreído.
"Dame un beso...", escuchó que decía. La vio sonreír de nuevo antes de levantar ligeramente el rostro y acercarse al suyo. Los labios de Rei alcanzaron a rozar los suyos, sin querer. No pudo evitarlo, no pudo. Se asustó bastante, pero, la tentación fue tanta que no resistió besarla. Sintió que ella correspondía el gesto. Pero, a los pocos segundos, se aterró de lo que estaba haciendo y, rápido, rompió el contacto. Dejó de abrazarla y cayó al piso, viendo como ella volvía a sonreír y murmuraba una despedida.
"Dios... ¿qué hice?"
Se apresuró a cambiarse de ropa, tomó sus cosas y regresó a su casa en cuanto vio que la lluvia se había dado un breve descanso. Su corazón latía como loco por semejante locura que había cometido. Al llegar a su casa descubrió que aún no llegaba su madre... Apenas si pudo dormir, pero decidió no decirle nada a Rei... ¡Claro que no iba a hacerlo!
"Lo único que me consuela es que Rei-chan ya está mejor", pensó, todavía apenada, antes de conciliar el sueño.
La lluvia terminó de arrullarla.
*
*
"¿De qué diablos hablas?... ¿cómo que ya te pagué?".
"Dejémoslo así, ¿O.K.?".
"Pero..."
"Te veo después en el templo, recuerda que hoy tenemos junta con las demás".
"¡No me cambies el tema!"
"Adiós..."
Colgó.
"Creo que le hizo daño mojarse", murmuró Rei con disgusto y colgando el teléfono. Pero no tardó en volver a sonreír. "Muchas gracias, Ami-chan... aunque no quieras, te debo una..."
FIN