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Capítulo II: Amy Mizuno, la chica solitaria
Amy llegó a su casa, subió rápidamente a su habitación y se encerró allí. Se dirigió a la ventana y dejó que el aire refrescara su rostro.
Como cada noche aquel sentimiento volvía a ella, ese sentimiento de eterna soledad. Siempre había pensado que sus estudios y su sueño de ser doctora eran lo único que necesitaba para vivir, pero no era así, no, ella quería algo más, algo que todos los demás tenían, amigos. Había intentado hacer algunos. Esa misma noche había tratado de ayudar a Serena Tsukino que caminaba sola con ojos llorosos y mirada triste, pero esta la había rechazado como a un insecto.
-¿Qué habrá pasado con la verdadera Serena Tsukino? – se preguntó
Ella había hablado una tarde con Serena, una tarde en que su gata se le había acercado. Pensó que era la chica más amable que jamás había conocido, pero no era así, al menos ya no.
Cerró la ventana y se sentó en su cama. Tomó un libro de física y trató de leer algo. No podía, no podía hacer nada, ese sentimiento que cada noche la iba consumiendo poco a poco iba a terminar definitivamente con ella.
Ella también tenía sus penas, sus alegrías, y quería compartirlos, ya no soportaba la soledad, no soportaba que nadie le hablara, que todos se rieran de ella por su soledad. Era demasiado. Si trataran de conocerla descubrirían que no es una mala persona.
Una pequeña y cristalina lágrima salió de su ojo deslizándose lentamente por su mejilla seguida por muchas más. Pero esas lágrimas no salían de sus ojos, no, salían de su alma y de su corazón herido.
Serena aún seguía en las escaleras del Crown Center sin moverse, tan solo llorando por su mala suerte.
Oyó unos pasos firmes cerca de ella, pero no les dio importancia.
-¿Qué haces aquí tan tarde cabeza de chorlito? – sonó una voz
Serena levantó la cara y vio a Darien, la última persona a la que deseaba ver.
-Vete de aquí
-Vamos, dime que te ocurre – dijo mientras se sentaba a su lado
Serena lo miró por unos segundos y después se lanzó a sus brazos para seguir llorando.
-Tranquila...es tarde, te llevaré a tu casa
Serena se separó de Darien. Esa noche los dos fueron juntos a la casa de Serena y descubrieron que quizá no se odiaban tanto.
Amy seguía sentada en su cama. Las lágrimas habían cesado, pero no el dolor.
-¿Es que acaso nadie se va a molestar en conocerme? – gritó
Salió de su habitación y se dirigió al balcón de su casa. Miró la oscura noche que se cernía sobre ella amenazándola, pero adornada por las estrellas y la hermosa luna. Después miró hacia abajo y vio la calle iluminada por algunas luces. Lanzarse y terminar con todo, tantas veces lo había pensado, terminar con su miserable vida, de todas formas, no le iba a importar a nadie. Pero no, muchas veces no lo había hecho por llegar a cumplir su sueño de ser doctora, quizá eso terminaría con su dolor, si, tan solo debía esperar. Aún, en el fondo más recóndito de su adolorida alma, había un pequeño haz de esperanza.
El día siguiente comenzó como otro cualquiera, Amy se levantó a tiempo, se vistió, tomó su desayuno y salió de su casa camino del colegio.
Esas mañanas la entristecían más que nada, esas mañanas en que todas las amigas y parejas iban juntas hacia un nuevo día de escuela, pero ella caminaba sola por las abarrotadas calles.
Finalmente llegó al colegio. Se apoyó contra una pared esperando que las clases comenzaran. En ese momento el tercero de los Three Lights, Taiki, pasó por delante de ella seguido por unas cuantas chicas.
-Taiki...-pensó Amy
Si el supiera todo lo que ella sentía por él. Cada vez que lo veía había un cosquilleo en su interior, algo que no sentía hacia nadie más. Si tan solo él lo supiera...pero no, él no lo sabía. Además, teniendo tantas chicas a su alcance no se iba a fijar en alguien como Amy, una chica solitaria, que solo se dedicaba al estudio. él también era muy buen estudiante, pero era famoso, y tenía muchos amigos y admiradores.
Amy suspiró profundamente pensando en su adorado Taiki y, como cada vez que lo veía, se resignó a tener su amor.
El timbre de entrada a clase sonó. Amy se apresuró a entrar, tenía un importante examen de física esa mañana. Después del examen llegó matemáticas, una de sus asignaturas favoritas.
-Aquí tienen estos ejercicios, deberán ponerse en parejas para realizarlos
– dijo el profesor
Pronto todo el salón estaba organizado en parejas. Estaban las típicas, Serena Tsukino con Molly Osaka(creo que ese el apellido, sino disculpenme, Mina Aino con Michiru Kaiou, Lita Kino con Haruka Tenoh, y algunas más.
Pero Amy estaba sola. El profesor lo notó y la miró.
-Srta. Mizuno, pongase con la Srta. Hino – dijo el profesor
Amy miró a la parte de atrás del salón. Allí estaba una chica de pelo negro y ojos oscuros y muy profundos, tenía cara de pocos amigos. Amy sabía quien era, Rei Hino, ella tampoco tenía ningún amigo, pero era porque no quería.
Se juntó con ella y comenzaron a hacer los ejercicios las dos juntas. Cuando sonó el timbre para el recreo, todos salieron, menos Amy y Rei que se levantaron más tranquilamente.
-Tu nombre es Rei, ¿verdad? – preguntó Amy
-Si
-Yo soy Mizuno Amy
-Si, ya lo sé – dijo mientras se dirigía fuera del salón
-¡Oye! Podrías ser un poco más amable
-No hay razón alguna para ello
-Yo solo estaba tratando de ser tu amiga...
-Mira, Srta. Genio, no necesito de tu caridad, ¿ok? No necesito que vengas a ser mi amiga por que me ves sola por los pasillos. Si no tengo amigos es porque no los quiero no los necesito, así que solo déjame en paz
Acto seguido Rei salió del salón y cerró la puerta con un estruendoso golpe.
Amy se quedó mirando a la puerta y, unos segundos después, se derrumbó en su silla.
-Soy yo la que necesita de tu caridad – pensó
Aguantando las lágrimas salió del salón hacia el patio, donde varias conversaciones se estaban dando a cabo.
-Serena, ¿qué te ocurre? – preguntó Mina
-Yo no tengo nada que decirte – contestó
-Pero Serena...dime que te pasa
-Creo que tú ya lo sabes, traidora
Serena caminó lejos de allí y se sentó bajo la sombra de un árbol.
-Que insolente, ¿verdad Michiru? – dijo Mina
-Ah, si, si
Mientras Mina seguía totalmente indignada por las palabras de Serena Michiru pensaba en otra cosa. Ese chico, desde que lo había visto no había podido dejar de pensar en él. Haruka Tenoh, ese nombre, era como si el viento estuviese dentro de él. Era demasiado extraño para comprenderlo.
-Parece que tienes una admiradora – dijo Lita señalando a Michiru
-Vaya, quizá deba ir a decirle algo – contestó Haruka
-No seas mala, deja de jugar con las chicas
-Esta bien...solo porque tu lo pides
Haruka observó a su supuesta admiradora. Era realmente bella. Observó sus ojos, eran como el propio mar, llenos de misterio y dolor pero a la vez tiernos y llenos de amor. Una sensación recorrió su cuerpo, algo que nunca había conocido.
Amy observaba a todo el mundo en el patio conversando alegremente y las lágrimas surgían de nuevo, pero no, no podía llorar.
Después de un largo día de escuela Amy se dirigió a su casa, sola, como siempre. Observó a Serena Tsukino que caminaba cerca de ella, sola.
-Que extraño – pensó - ¿dónde estarán sus dos amiguitas del alma?
Mientras pensaba en esto iba mirando Serena, así que chocó con alguien y cayó en sus brazos. Rápidamente se separó.
-Discúlpeme, en serio lo siento, iba mirando para otro lado – dijo mientras hacía una reverencia
-No te preocupes – dijo una voz masculina
Amy levantó la cabeza, y...no, no lo creía, había chocado con Taiki. Se quedó viéndolo por unos instantes. Este hizo una señal de despedida y se alejó en la dirección opuesta. Se quedó mirando hacia el lugar por donde se había ido por un momento y después salió corriendo para su casa.
Corría y corría, quería encerrarse en su habitación lo más rápido posible. Mientras corría chocó con alguien. Observó que se trataba de Rei Hino, pero ni siquiera se molestó en disculparse.
-¡Mira por donde vas! – gritó la agredida
Amy no escuchó. No escuchaba ni veía nada, tan solo sentía su dolor interior más fuerte que nunca.
Tras un corto camino, aunque eterno para Amy, llegó a su casa y subió rápidamente a su habitación. Se lanzó a su cama y comenzó a soltar todas las lágrimas que había reprimido durante el día, era demasiado para ellas.
Cuando las lágrimas cesaron se levantó lentamente y miró por la ventana.
-¿Por qué no puedo hacer un amigo? ¿Por qué no puedo hacer que la persona a la que amo me corresponda? ¿Por qué? – dijo mientras algunas lágrimas surgían de nuevo
-¿¡Por qué me atormentas así!? – dijo golpeando la mesa con su puño