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Capítulo III: Rei Hino, ¿quién soy?

 

Tras un fastidioso camino Rei por fin llegó al templo de su abuelo. Dejó todas sus cosas del colegio por el piso, se puso su traje de sacerdotisa, tomó una escoba, y, como cada tarde, comenzó a barrer.

Estaba tan cansada, pero tenía obligaciones, tenía que seguir barriendo, meditar un rato, estudiar y terminar un trabajo para la escuela. No debía presionarse a si misma, siempre se lo había repetido.

 

- Srta. Rei, ¿cómo se encuentra esta tarde? – escuchó una voz

 

Rei se volteó y vio a Nicholas, el chico que trabajaba allí con su abuelo.

 

- Bien, bien, Nicholas, ahora vete

- Esta bien, ¿no necesita nada?

- No Nicholas

- ¿Segura?

- ¡¡Ya vete!!

 

Algo asustado y entristecido a la vez Nicholas se retiró.

Rei dejó escapar un leve suspiro y se sentó en las escaleras del templo. Nunca había sabido porque era tan agresiva con todo el mundo, tampoco porque se rehusaba a tener algún amigo. No, no sabía porque las cosas eran así.

Nunca había tenido una decepción, dolor o sufrimiento en su vida, pero ella era así, siempre agresiva. Desde chiquita le habían dicho que era demasiado ruda y que era mejor que no tuviese muchos amigos.

Una lágrima cayó sobre su mano y un sentimiento de sorpresa la inundó. Una lágrima, símbolo de tristeza, de dolor, ¿acaso le dolía ser así? No sabía.

Se levantó bruscamente y se adentró en el templo. Fue hacia su habitación y, una vez allí, se encerró en el baño. Observó su rostro en el espejo.

Sus ojos estaban enrojecidos y había algunas lágrimas que resbalaban por él. En ese momento sintió asco, asco por si misma. Odio, eso sentía hacia ella, por eso no quería acercarse a nadie, porque se odiaba a si misma.

Se mojó la cara y de nuevo se miró en el espejo.

 

- Te odio – pensó

 

Se quedó allí por unos instantes y después salió hacia la calle. Antes de salir su abuelo la llamó.

 

- ¿Adónde vas Rei? – preguntó

- A pasear un rato

- Esta bien, ¿te sientes bien? Te ves algo triste

- No te preocupes abuelo, estoy bien

 

Rei salió del templo y caminó. No llevaba ningún rumbo específico, tan solo necesitaba pensar, estar a solas y pensar.

Caminaba por la calle viendo a la gente pasar. Una pareja pasó por su lado.

El chico era Darien, ella iba a su colegio, pero no sabía su nombre. Ella había salido un tiempo con Darien, quizá era la única relación que había tenido alguna vez con una persona que no fuera Nicholas o su abuelo.

Darien paseaba junto con su actual novia, Lita Kino.

 

- Parece que hay una chica que anda persiguiendo a Haruka, ¿no te parece gracioso?, ¿Darien, Darien?

- Ahh, si, si

- ¿Qué te pasa últimamente? Estás muy distraído, como pensando en otra cosa

- No, no es nada, es que tengo mucho trabajo con la universidad

- Ya veo

- ¡¡¡Hola Darien!!! – se oyó una voz

 

Los dos se voltearon y vieron, a lo lejos, a Serena saludando animadamente.

 

- ¡Hola Serena! – saludó Darien

 

Una enorme sonrisa de felicidad se formó en la cara de Darien, a la vez que el rostro de Lita mostraba una terrible expresión de preocupación.

Rei llegó al parque no. 10 y se sentó en un banco. Observó a todos los niños que corrían de un lugar a otro jugando y divirtiéndose. Ella nunca había tenido algo así. No recordaba el haber sentido tanta felicidad como para sonreír de la forma en la que lo hacía todos esos niños.

De nuevo ese sentimiento la inundó, ese sentimiento de odio hacia si misma.

Se levantó y caminó hacia el templo, necesitaba verse una vez más en el espejo, descubrir quien era la persona en la que vivía, quien era ella, el porque de ese odio irracional.

Mientras caminaba se topó con tres chicas, dos de ellas estaban peleando y la tercera trataba de calmarlas. Sabía quienes eran perfectamente, ¿quién no?. Michiru Kaiou, Serena Tsukino y Mina Aino, las tres chicas más populares de la escuela.

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- Pero Serena...dime porque ya no me hablas – decía Mina

- Lo sabes perfectamente, eres una traidora, no se porque te consideré mi amiga alguna vez – replicó Serena

- ¡Mejor así! Ya no tendré que soportarte

- ¡¡¡Mira quien fue a hablar!!! La molestia en persona

 

Los gritos cada vez se hacía más fuertes, al igual que el dolor que se causaban.

 

- Cálmense, chicas – decía Michiru

 

Ninguna le hacía caso, estaban demasiado pendientes en pelearse.

Rei las observaba, pero no era la única. En la parte más oscura del parque una figura femenina observaba la escena.

 

- Ustedes no eran así, ¿qué les pasó?

 

Rei se quedó un rato viendo la discusión y después continuó su camino. Quizá esa era la razón para estar apartada de la gente, todas las relaciones terminaban en una enorme pelea y, aunque luego se reconciliaran, nunca sería lo mismo.

No, no era eso, tan solo trataba de engañarse a si misma. Ella sabía perfectamente que esa no era la razón por la que se mantenía lejos de todas las personas.

De nuevo llegó al templo. Cuando entró se oyeron unos graznidos.

 

- ¡Phobos, Deimos! Tranquilos, no me pasa nada – calmó a sus dos cuervos

 

Entró a su habitación y observó su cara en el espejo.

 

- ¿Quién eres tú? – dijo para si misma - ¿por qué no te conozco? Debería conocerte mejor. Y, sin embargo, no es así. Lo único que sé es que te odio. ¡Te odio! ¿Me oíste? Eres lo peor del mundo, no mereces vivir, no mereces estar cerca de nadie.

 

Se sentó en la cama mientras varías pequeñas y tímidas lágrimas surgían de sus ojos. ¿Por qué se trataba así a si misma? Quizá porque se lo merecía, o quizá porque no se conocía lo suficiente. Esa pregunta siempre rondaba por su mente, siempre lo había hecho, ¿Quién soy, quién soy?

 

- ¿¡Quién soy!? – gritó

 

Siempre que pensaba en eso un sentimiento de inseguridad la invadía. No sabía que hacer, tan solo sabía que debía descubrirlo.

Alguien abrió la puerta de su habitación. Se limpió las lágrimas rápidamente.

Se trataba de Nicholas.

 

- ¿Se encuentra bien Srta. Rei? Creí haberla oído gritar

- No, Nicholas, tranquilo, estoy bien

- Como diga, pero se ve algo mal, debería llamar a una amiga o algo – dijo a la vez que se iba

 

Una amiga, quizá esa era toda la respuesta que necesitaba para su dilema, una amiga.

Salió de su afuera y se sentó en las escaleras del templo. La noche estaba por caer.

Una amiga.

Amy caminaba lentamente hacia su casa. Un nuevo día estaba por terminar, para dejar empezar a otro que sería exactamente igual, o quizá peor.

Pasó por delante del Templo Hikawa. En las escaleras estaba aquella chica, Rei Hino, pero no le importó, tan solo siguió caminando.

Rei observó a aquella chica pasar por delante del templo. Como un impulso se levantó y corrió tras ella.

 

- ¡Amy Mizuno! – gritó

 

Amy se paró en seco. ¿Acaso estaría soñando? No, no era un sueño, alguien la estaba llamando, a ella, a nadie más, a ella.

Se volteó lentamente y frente a ella se encontró a Rei.

 

- Siento mucho como te traté esta mañana – dijo tendiéndole la mano a Amy

 

Amy juntó su mano con la de Rei y sonrió. Rei también sonrió, había encontrado su respuesta.

 

Continuará...