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Capítulo IV: Lita Kino, siempre con una sonrisa
Lita caminaba lentamente hacia la cafetería. Esa mañana de sábado Darien la había llamado. Quería hablar con ella, habían quedado en la cafetería.
Estaba preocupada, Darien se oía extraño, como preocupado, bueno, más bien algo triste.
Llegó a la cafetería y entró. Darien estaba sentado en una mesa con un café, tan guapo como siempre. Fue hacia allá y se sentó con él.
- ¡Hola! – saludó
- Hola Lita
- ¿Cómo estás? Te oías algo preocupado
- Si...verás, tango algo importante que hablar contigo
Darien clavó su mirada en la de Lita, su expresión era muy seria. Lita tan solo bajó la cabeza.
- Entonces...vamos a romper – dijo Lita
- ¿Ehh? ¿Qué dices?
- Si, me vas a decir que no soy yo, que eres tú, y que nuestra relación no tiene futuro
- Vaya...me dejaste sin palabras – dijo Darien muy sorprendido
- Es...es por ella, ¿verdad? Serena Tsukino
- ¿Cómo...cómo supiste?
- Fue cuando los ví juntos ayer. Hay algo, algo entre ustedes que es impresionante. Aunque son dos personas muy diferentes hay como una conexión, al verlos juntos sentí que yo sobraba. Darien, tú y esa chica están hechos el uno para el otro.
- Lita...yo...
- No trates de explicarte, tan solo ve con ella. Siempre podemos ser amigos, ¿no? – dijo con una enorme sonrisa
- Si...claro – dijo Darien
Lita se levantó y salió del local. Llegó a la calle y comenzó a correr, correr sin sentido.
Había algo, algo que la ahogaba, como un dolor interno, un dolor que venía guardando desde hacía mucho tiempo y que nunca había salido a la luz.
Llegó al parque no. 10 y se quedó apoyada en un árbol observando toda la actividad del parque.
Había lágrimas en sus ojos, lágrimas que querían salir pero ella no las dejaba, debía mantener la cordura. Esa noche lloraría en su habitación, a solas.
Lo más extraño de todo era que las lágrimas no eran por la pérdida de Darien. Por supuesto que le importaba, pero no era para tanto. Más bien Darien había sido un refugio después de que aquel chico le había roto el corazón. Él era muy amable y muy guapo, pero nada más, no sentía nada muy fuerte por él. Pero entonces, ¿por qué tenía tantas ganas de llorar? No lo
entendía.
- ¿Cómo es que una chica tan linda tiene una cara tan triste? – escuchó una voz. Lita se volteó y vio a su mejor amiga que le sonreía.
- ¡Haruka!
- Hola, ¿te ocurre algo?
- No, nada
- Vamos...dime
- Es que...
Lita observó que Haruka había dejado de escucharla en ese preciso instante. Michiru Kaiou estaba pasando por delante de ellas y se había quedado viendo a Haruka. Haruka también la observaba de una manera extraña.
- Bueno, creo que me voy – dijo Lita
- ¡No! Es decir...¿estás segura de que estás bien?
- Claro – dijo mostrando una gran sonrisa
Se fue del parque, necesitaba caminar.
Haruka se quedó observando a Michiru Kaiuo. La mirada de esa chica, era tan profunda, era como el propio mar. Se sorprendió enormemente al ver que la chica se estaba acercando hacia ella.
- Hola, mi nombre es Michiru Kaiuo – dijo al llegar
- Si, lo sé, yo soy Haruka Tenoh
- También sé. Te estado viendo estos días en la escuela y...bueno...pues...me gustaría que fueramos a tomar un café o algo – dijo roja y cabizbaja
- Me parece una excelente idea – respondió Haruka con su atrayente sonrisa
- ¿Qué tal mañana en la cafetería a las 5:00?
- Perfecto
- Bien – dijo Michiru mientras se alejaba
Una vez fuera de la vista de su amiga Haruka Lita comezó a correr de nuevo.
Se sentía tan mal. Se paró en un parque y se sentó en un banco. Fijó su mirada en el horizonte.
¿Por qué se sentía tan mal? No sabía, en realidad, no había razón alguna. Al menos Haruka no se había dado cuenta de nada, le molestaba mucho que la gente viera su tristeza. No sabía por qué, pero ella nunca mostraba sus emociones a los demás. Mostraba la ilusión, la alegría, el amor, pero nunca ningún sentimiento triste, siempre se los guardaba para ella misma.
Siempre había pensado de esa manera, pensaba que sus problemas no le interesaban a las personas y que podía resolverlos ella sola, deshogarse ella sola, sin nadie a su alrededor para consolarla.
En ese momento las lágrimas comenzaron a surgir. Puso sus manos en su cara y las dejó fluir sin miedo, al fin y al cabo, no había nadie cerca.
Tras un momento de llorar las lágrimas cesaron, pero Lita aún no se sentía bien, aún sentía ese dolor que apretaba su pecho ahogándola.
- ¿De que sirve llorar? No me siento desahogada – pensó
Apoyó su espalda contra el banco y miró hacia adelante sin dejar su mirada en ningún lugar determinado.
- ¿Te encuentras bien? – escuchó una voz
Sobresaltada, se volteó y observó a la dueña de la voz. No era otra que Serena Tsukino.
- Tu eres Lita Kino, ¿no?
- Si – dijo Lita en voz baja
- Te ves algo mal
- Estoy bien
- Tu eres novia de Darien, ¿no es así? – peguntó Serena inocente
- Era
- Oh, vaya...lo siento. ¿Por eso la mala cara? Vamos, cuentame, no te hará mal
- No, déjame
Lita notó como las lágrimas volvían a surgir, y lo último que necesitaba era que Serena Tsukino viniera a consolarla.
- Desahógate – insistió Serena
- ¡No! ¡Ya déjame! – gritó
Después de eso Lita se levantó y corrió unos metros alejándose de allí. Serena se acercó a ella lentamente.
- Lita...mira, no soy una persona muy madura que se diga, pero te puedo dar un buen consejo. No sirve de nada reprimir los sentimientos, aunque llores tu sola te sigues sintiendo mal, necesitas mostrárselos a alguien
Después de estas sabias palabras Serena comenzó a alejarse del lugar lentamente.
Lita se quedó parada, no sabía que hacer ni que pensar. Pero...por fin se había dado cuenta de todo, ese era su problema. Siempre, desde que aquel chico la había hecho tanto daño había mantenido sus sentimientos lejos de los otros. Ella quería mostrarse como la chica fuerte, la que no sufre por nada, para alejarse del sufrimiento de perder a una persona. Tanto reprimir sus sentimientos lo único que había logrado era hacerle aún más daño.
- ¡Espera! – gritó
Ante esto Serena se volteó y volvió hacia el lugar.
- Tienes mucha razón – dijo Lita
Después miró a Serena y se lanzó a sus brazos, ya no podía soportarlo más, necesitaba a alguien con quien llorar.
Tras un momento de lágrimas Lita se calmó, por fin se había desahogado con alguien, por fin había mostrado lo que sentía
- Muchas gracias Serena
- No hay de que
- Por cierto... – comenzó Lita
- ¿Si?
- Debes ir a ver a Darien rápidamente
- ¿Por qué?
- Esta enamorado de ti
- ¿¡Qué!?
- Si, y yo sé que tu también de él
- ¡Si! Pero...
- Por mí no te preocupes, están hechos el uno para el otro y no seré yo la que impida su unión
- ¡Gracias Lita! Eres una gran amiga –exclamó Serena mientras se iba corriendo
Lita suspiró y se sentó en un banco. Se sentía mucho mejor, pero en ese momento se encontraba algo sola, aun necesitaba de alguien, alguien nuevo que no la conociera, para poder mostrarle una sonrisa, y una lágrima cuando fuese necesario.
- Disculpa...¿podemos sentarnos? – escuchó una voz
Lita levantó la cabeza y vio a dos chicas.
- Claro
Las dos chicas se sentaron junto a ella. Las miró con algo de curiosidad.
- Disculpen... – dijo – ustedes son Amy Mizuno y Rei Hino, ¿verdad?
- Si, ¿por qué?
- No, solo quería saber, yo voy a su misma escuela
- Lo sé, tu eres Lita Kino, la "niña Hercules" – rió Rei
- Si, pero también la chica que siempre tiene una sonrisa en la cara – dijo Amy
- Si, así es – dijo sonriente
Las tres rieron, parecía que una nueva amistad había comenzado. Amy por fin había encontrado lo que siempre había deseado, una amiga, alguien que la apreciaba por lo que era, una razón para vivir.
Rei tenía lo que nunca había querido, pero en realidad lo único que necesitaba.
Lita se sentía bien con ellas dos. Siempre había pensado que eran dos chicas extrañas, pero supongo que solo hay que llegar a conocer mejor a la gente.
Al lado de uno de los árboles una sombra con figura femenina observaba todo lo que ocurría.
- Parece que todo esta siendo como debe ser...si ustedes supieran quienes son en realidad...