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Capítulo V: Mina Aino, sin sentimientos

 

- Si, porque no sé que le pasa a Serena, se comporta extraño y aún no se digna a hablarme – decía Mina mientras hablaba por teléfono con su amiga Michiru

 

- Ya veo...bueno, todo se arreglará – dijo Michiru

- Espero...

- Mira...te dejo, tengo una cita y tengo que prepararme

- ¿En serio? ¿Quién es el afortunado?

- Haruka Tenoh

- Buena suerte

- Gracias, chao

 

Mina colgó el teléfono y dio un largo suspiro. Estaba tan cansada, al menos era domingo y podía descansar.

 

- Iré a ver televisión un rato – pensó

 

Mientras se adentraba en la sala alguien llamó a la puerta. Fue a abrir y se encontró con Yaten.

 

- ¡Hola! – saludó

 

Fue a abrazarlo, pero él la apartó.

 

- ¿Qué ocurre? – preguntó

- Creo que lo sabes. ¿Cómo pudiste hacerme esto? Y con mi propio hermano. Mina...se acabó

- Pero...Yaten

- No hay peros, todo se acabó entre nosotros

 

Yaten se dio la vuelta y comenzó a caminar lejos de la casa.

 

- ¡Yaten!

 

Él no se volteó, no miró atrás, tan solo siguió caminando, alejándose de la quetanto daño le había hecho.

Mina cerró la puerta. Un extraño sentimiento la inundó. ¿Dolor? No, era otra cosa, algo extraño. Se apoyó contra la puerta y se fue deslizando hasta quedar sentada en el suelo. No había lágrimas, no había dolor, nada, absolutamente nada, tan solo ese extraño sentimiento que no lograba descifrar. Frustración quizás, pero no, era algo mucho peor, pero ella no lo entendía.

 

- No me importa, igual tengo a Seiya – pensó

 

Tomó el teléfono y lo llamó.

 

- ¿Seiya?

- Si, soy yo, hola Mina

- ¿Qué tal si nos vemos en el parque no. 10 en media hora?

- Esta bien

- ¡Chao!

 

Rápidamente Mina se vistió mejor, se maquilló y se peinó. Ya estaba lista para una perfecta cita.

A la media hora estaba llegando al parque. Cuando llegó Seiya ya estaba allí. Estaba apoyado contra un árbol. Había algo extraño en él, algo que Mina nunca había visto en sus ojos, preocupación.

 

- ¡¡¡Seiya!!! – gritó

 

Corrió hacia él y se lanzó en sus brazos. Él no se inmutó, no se movió, tan solo se quedó así, mirando al horizonte.

 

- ¿Qué te ocurre? – preguntó Mina

- Es que...yo...no puedo seguir con esto

- ¿¡Qué!?, ¿¡Por qué!?

- Me siento muy mal Mina...traicioné a Serena...y no puedo aun la sigo amando, además de esta forma solo consigo hacerte daño a ti, y...tampoco puedo traicionar así a mi propio hermano – dijo Seiya clavando su mirada en la de Mina

- Ay...Seiya, a mi no me vas a hacer ningún daño, no me importa que sigas amando a Serena, sinceramente besas muy bien, y con eso me vale. Además Yaten y yo rompimos, así que no te preocupes

- Pero Mina...¿qué dices? ¿Cómo puedes ser tan...tan insensible?

- ¿Qué? Además, para que sepas Serena anda tras otro chico, un tal Darien, así que no te esfuerces por ella – dijo Mina con una sonrisa malévola

- Mina...¿cómo puedes ser tan cruel? ¿Acaso no tienes corazón?

 

Seiya la miró por última vez con ojos entristecidos y se alejó.

 

¿Cruel? ¿Sin corazón?

 

En otro lugar de la ciudad una pareja paseaba. No eran otros que Haruka y Michiru. La gente los miraba al pasar porque eran la perfección, los elementos perfectamente combinados.

Finalmente llegaron a casa de Michiru y se pararon en la puerta para despedirse.

 

- La pasé muy bien – dijo Michiru

- Yo también – dijo Haruka

 

Michiru tomó sus manos y se acercó un poco más a ella. Tenía tantas ganas de besarla. Había algo en su ser, algo que le decía que esa persona era la indicada, la persona con la que debía pasar el resto de su vida.

 

- Espera...creo que hay algo que debes saber, porque obviamente no te diste cuenta – dijo Haruka

- ¿Qué cosa?

- ...soy una mujer

- ¿¡Qué!?

 

Mina se había quedado paralizada, no se movía, no sentía, nada. No sentía...¿acaso había tenido sentimientos en algún momento de su vida?

En ese preciso instante no lo sabía.

Caminó hacia el banco más cercano y se sentó a tratar de descifrar lo que estaba pasando dentro de ella en esos momentos.

Observó a los niños que jugaban en el parque, se veían muy felices. Ella nunca había sido así, en su infancia ya se preocupaba por su apariencia y por ser popular, en realidad, nunca se había preocupado por lo que en verdad

importaba, ser feliz.

Seiya tenía razón...¿por qué era tan cruel con la gente? Le gustaba, le gustaba ver sufrir a la gente, a los que consideraba sus amigos, hacia cualquier cosa por hacerlos sufrir, y lo disfrutaba, disfrutaba viendo como sus sentimientos eran heridos.

En ese momento un balón cayó a sus pies. Una niña se acercó a por ella.

 

- ¿Me puede dar el balón?

 

Mina lo tomó y se la dio a la niña. Esta lo pasó a sus amigos y se quedó observando a Mina.

 

- ¿Le ocurre algo? Se ve preocupada

- No, no es nada

 

La niña se sentó al lado de Mina y la miró.

 

- No le creo

- Bueno...es que hice algo muy malo, y me gustó hacerlo, y no entiendo porque... – dijo mientras algunas lágrimas surgían

- Eso no esta bien

- Lo sé...lo sé

- A lo mejor solo tenía envidia de la persona a la que le hizo daño

 

El corazón de Mina saltó dentro de su pecho. Envidia, eso era todo, envidia a Serena, por eso era tan cruel con ella. Ella lo tenía todo, era popular, bonita, feliz, tenía muchos seres que la querían por lo que era y no por lo que representaba. Todo era eso, envidia.

 

- Por lo que veo fue muy cruel – siguió la niña – pero hay una forma de solucionarlo

- ¿Cuál es?

- Terminar con lo que hizo tanto daño para siempre y todo se arreglará

- Tienes toda la razón...toda la razón

- Bueno...ya me voy

 

La niña se levantó y comenzó a alejarse.

 

- ¡Espera! – dijo Mina

- ¿Si?

- ¿Cuál es tu nombre?

- Hotaru Tomoe

- Gracias Hotaru

 

Por fin había comprendido todo. Lo sentía tanto...había causado tanto daño a tantas personas solo porque tenía envidia, porque no era la suficientemente feliz y quería quitarle la felicidad a una persona que siempre había estado

con ella, que siempre la había apoyado.

Comenzó a correr hacia la casa de Serena. Esperaba que ella pudiera perdonarla, que pudiera comprenderla, en serio se sentía fatal. Sentía como las piernas le fallaban, como sus músculos no querían moverse, lo único que quería era echarse a llorar, pero no, debía arreglar todo de una vez por todas.

Mientras corría observó a una pareja que caminaba delante de ella. Serena era perfectamente reconocible por su peinado, y el chico del pelo negro debía ser el tal Darien.

 

- ¡Serena! – gritó

 

Esta se volteó y la miró. Se acercó a ella.

 

- ¿Qué quieres Mina?

- Yo solo...quería decirte que lo siento

- Ya es un poco tarde, eso no te va a servir de nada

- Pero...Serena, me di cuenta de todo el mal que hice, todo el dolor que causé a tantas personas y...solo quiero que volvamos a ser amigas

- No, Mina, el sufrimiento que causaste en mi corazón ya no se puede remediar, jamás volveremos a tener una amistad

- Serena... – nuevas lágrimas cayeron por sus mejillas – necesito ayuda, ¿ok? Necesito a alguien para poder dejar de hacer daño a la gente. Tu siempre fuiste tan buena amiga...no quiero que nuestra amistad termine

- Tu misma lo dijiste Mina, siempre fui tan buena amiga y tu simplemente me hiciste daño, me viste sufrir y lo disfrutaste, y eso no lo puedo perdonar

- Esta bien...pero al menos ya sabes que lo siento mucho

 

Al decir esto se volteó y comenzó a cruzar la calle. Iba cabizbaja, por fin se había dado cuenta del mal que había hecho, pero Serena no estaba dispuesta a perdonarla.

 

- ¡¡¡Mina, cuidado!!! – gritó Serena

 

Levantó la cabeza y miró a la derecha. Vio un enorme carro aproximándose a ella, cerró los ojos. Después escuchó un golpe y...

 

Continuará...