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SEIS. HABLA KITTY
<suspiro> Me llamo Alethia Kammyl Von-patoven, me dicen Kitty.
Trabajo con OMAI desde hace cinco años y formo parte de la Élite Gris.
Hace un buen rato que conozco a todos los agentes con los que estoy trabajando en este asunto del asesino en serie. Y no consigo comprenderlos.
Digo, Ale es una buena persona, pero se le ha agriado el carácter en una forma que asusta, principalmente desde que empezó a trabajar con Ocean. Veo a Ocean y me pregunto por qué se esfuerza tanto en fingirse más tonto de lo que es, ...esas respuestas clonadas de los diálogos de Pinky y Cerebro... o_oU Luego están los gemelitos. Cada uno actúa como si fuera la última coca-cola en el desierto, pero en realidad son pura pantalla, si lo sabré yo, que tengo que andar reparando siempre sus errores.
Hoy he tenido que inventarle una larga y otra corta al príncipe Franz para que perdone a la princesa Zafiro... y la verdad, no sé por qué se enojó tanto, desde su primera aparición en "La Princesa Caballero", él sabía que Zafiro se hacía pasar por hombre porque las leyes de Valle Plateado no permitían que una mujer fuera heredera del trono... pero creo que el problema radica en que él no se siente muy a gusto porque ella lo haya rescatado varias veces usando la identidad del Caballero Vengador.
Chismes aparte, este asunto del asesino me está crispando los nervios a mí también.
Todavía estábamos tratando de averiguar cómo era que los personajes de Saban habían estado tan perfectamente ubicados para que nuestra cápsula los aplastara a todos juntos al salir del túnel de gusano y ya teníamos que embarcarnos otra vez con rumbo a nuestra época sin tener idea de si aplastaríamos a alguien más. El asesino, quienquiera que fuese, estaba jugando de lo lindo con nosotros. Grrrrr...
Todos estábamos de muy mal humor y lo demostrábamos lindamente discutiendo por cualquier cosa. La única que se mantenía ecuánime era Thalena, que en eso sí se parece a su mamá: cuando algo la molesta, simplemente se "desconecta" y deja de poner atención a lo que la rodea. El problema es que cuando hace eso, tampoco puede prestar atención a lo que tenga entre manos, y en vez de llevarnos al presente, nos llevó al futuro, al planeta Naboo.
Todos queríamos ahorcarla, pero no podíamos darnos ese lujo, así que tratamos de reprogramar la computadora para volver a la época correcta. Estábamos tan ocupados con eso, que no notamos que uno de los nativos se había acercado demasiado al escape del motor hasta que nos llegó el olor a carne asada.
Lo que encontramos no era reconocible como ningún ser vivo en lo que correspondía a su cabeza, que estaba todavía dentro del escape. Encontramos una nota en un bolsillo de sus pantalones: "Misa ser Jar Jar Binks", escrito con pluma negra sobre un post-it.
-Posiblemente alguien le hizo el favor de escribirle su nombre para que no se le olvidara -dijo Bruce.
-Eso, en el supuesto de que supiera leer -señaló Thalena.
-Hum... esto lo escribió una persona diestra -dijo Ale.
-El 75% de la humanidad son personas diestras, y mejor no nos metamos con las razas no humanas -dijo Thalena-. Vámonos ya.
-Pero no me queda claro -empezó a decir Ocean.
-¿Qué cosa? -dijimos los demás, con voces ya cansadas.
-¿Por qué este... ser metió la cabeza dentro del escape?
-Tal vez quería escapar de su triste existencia -dijo Thalena, molesta.
-Yo no creo que sea un suicidio -replicó Ocean, señalándonos el nombre de Jar Jar en la lista del asesino. Eso nos hizo callar y mirarnos confusos.
Era verdad, Jar Jar era una posible víctima y, la pura verdad, no era nada agradable suicidarse con la cabeza achicharrada, alguien debía haberlo sujetado.
Pero no había nada que pudiéramos hacer, aparte de comprender por qué Jar Jar ni siquiera se menciona en el Episodio IV de Star Wars.
Logramos regresar al siglo XXI (hogar, dulce hogar) y fuimos a rendir informe de nuestros múltiples fracasos a la comandante Cassie. Para nuestra sorpresa, ella había tomado una iniciativa durante nuestra ausencia y había empezado a reunir a los personajes de la lista en un solo lugar.
El Subnivel 27 de la sede de México parecía un campo de concentración de dibujos animados, los pobres se encontraban en un verdadero hacinamiento y la mayoría estaban muy, pero que muy molestos.
Buena parte de los que eran superhéroes exigían ser liberados para poder enfrentarse al asesino y enviarlo a prisión, los demás hablaban de la Declaración de Derechos Humanos, Similares, Afines y No Humanos y las garantías individuales de la Constitución mexicana, pero Cassie era inflexible y nadie la hizo cambiar de opinión.
Hasta dos días después de nuestro regreso.
Yo estaba patrullando los corredores, con tanto personaje de anime en un solo sitio, estábamos escasos de personal y hasta las élites estábamos haciendo trabajo de principiantes (con decirles que Thalena, Bruce y Ale estaban de cocineros...aunque estos dos últimos se encerraban en el cuarto de la despensa y se oían extraños gritos). En eso, recibí un llamado de emergencia de la comandante.
Cuando llegué a la oficina de la susodicha, descubrí tres cosas: Ocean, Ale, Bruce y Thalena habían llegado al mismo tiempo que yo (todos con cara de "¿y ahora, qué?"), a Cassie finalmente se le habían acabado los lápices, y había una olla llena de un líquido negro en mitad de su precioso escritorio (¡que siempre ha sido mi envidia!).
-¿Y ahora, qué? -preguntó Ale, poniendo en palabras lo que ya decía su cara.
-Esto apareció aquí -dijo la comandante, señalando la olla.
-¿Y qué? -preguntó Thalena-. Es sólo una olla y eso me recuerda que tengo algo en el fuego...
-No sólo la olla -dijo la comandante y señaló algo que había en una silla: una bolsa de viaje, vieja y apolillada.
Nos quedamos viendo la bolsa sin entender a qué se refería, hasta que Ocean empezó a cantar bajito:
-Félix, el gato, el único, único gato...
Entonces caí en la cuenta de que el líquido negro de la olla olía a acetona y thinner por igual... y que la coloración negra podía provenir de tinta negra...
Íbamos saliendo de la oficina, sintiéndonos como una partida de inútiles, cuando la comandante nos habló desde la puerta.
-Hubo un escape de gas butano en el sector 18 del subnivel 27, entre las víctimas están Robin Hood, Lady Marian, Simbad el Marino con toda su tripulación, Xena, Hércules, Hércules y Hércules.
-¿Tres Hércules? -dijo Ocean, sorprendido.
-El Hércules de Disney, el Hércules de acción real y el Hércules de la mitología grecorromana.
-¿Cómo pudo haber una fuga de gas butano ahí, si las cocinas están en el subnivel 21? -preguntó Ale.
-Me encantaría saberlo -respondió Cassie-. Alguien les llevó un cilindro, y los dejó encerrados con la llave del cilindro abierta. Ninguno fue capaz de cerrar esa llave, a pesar de que estaban conscientes y ninguno estaba atado.
Dicho esto, nos cerró la puerta.
-No me extraña que no hayan podido cerrarla -dijo Bruce-. Ninguno venía de una época en la que hubiera cilindros de gas.
-Me temo que eso no es lo importante ahora -dijo Ocean.
-¿No? ¿Y qué sería lo importante, si puede saberse?
-Todo parece indicar que el asesino es agente de OMAI.
-¿Sigues con eso? -dijo Thalena, frunciendo el ceño.
Habíamos llegado a las escaleras. Como la oficina de Cassie está en el sn-26 no valía la pena tomar el ascensor para bajar hasta el sn-27. Ocean, que iba al frente, se dio la vuelta y nos enfrentó a los otros cuatro en el borde mismo de las gradas.
-¡Claro que sigo con eso! ¡Cuando se elimina lo imposible, lo que quede (por improbable que parezca) tiene que ser lo cierto!
-Brillante cita de Sir Arthur Conan Doyle -dijo Bruce, con una sonrisa forzada-. Y aparte de acusar a OMAI de esta serie de asesinatos, ¿tienes algo constructivo que ofrecer?
Ocean miró a Bruce más o menos como Trunks del Futuro miraba a Cell en su último combate.
-No tengo la menor duda de que el asesino en series es un agente de OMAI. Y estoy completamente seguro de que es uno de nosotros cinco.
Vi que Bruce apretaba los puños.
-¿Me estás acusando, Ocean de Jesús Guadamuz Barboza?
¡Atiza! Los agentes de OMAI nunca usamos nuestros nombres, ni siquiera entre nosotros, ¡y menos completos! Con el paso de los siglos, revelar la identidad civil de otro agente ha llegado a convertirse en una especie de ofensa.
Ocean lanzó el primer golpe, Bruce se lo devolvió con intereses, yo traté de separarlos, Thalena se metió a defender a su hermano, Ale se metió a defender a su compañero...
Y así, hechos un revoltijo de brazos, piernas y gritos, acabamos por bajar rodando las escaleras. No dejamos de pelear ni siquiera cuando llegamos al suelo del sn-27... Hasta que Bruce dio un grito que se sobrepuso por encima de los de los demás y logró imponernos silencio.
Ale me tenía cogida del cabello y me soltó de repente, me di un golpe de siglo contra el suelo y desde ahí tuve un excelente ángulo para contemplar unos pies calzados con botines cafés... torciendo un poco el cuello (a riesgo de estrangularme a mí misma, ya que estaba en muy mala posición y debajo de los demás), logré ver que esa persona llevaba el uniforme de campo de OMAI y usaba lentes, su cabello castaño (ni rizado ni lacio) estaba un poco más largo de lo que correspondía con mis recuerdos, había perdido algo de peso y se había bronceado un tanto, pero esa cara de "¿puede alguien explicarme lo que está pasando, si no es mucha molestia?" me resultaba sencillamente inconfundible. Casi empecé a gritar de nuevo, porque no me cabía duda de que debía ser un fantasma.