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SIETE. HABLA LA COMANDANTE CASSIE

 

Días como estos no se los deseo ni siquiera a mi peor enemigo.

Después de despedir de mi oficina a los cinco maniáticos, busqué un bolígrafo por todas partes para hacer un apunte y no pude encontrar ni siquiera un lápiz.

Pensé en llamar a mi secretario para pedirle que me consiguiera algo con qué escribir, y entonces recordé que Taz fue reasignado a Seguridad Interna desde que empezamos a reunir posibles víctimas aquí. Así que me resigné y marché a Suministros.

Por el camino iba arrepintiéndome de mi "brillante idea", las últimas muertes demostraban que lo único que había logrado con eso era ponerle más cómodo el asunto al asesino, reuniendo a todas sus víctimas en un solo lugar.

¿Y qué podía hacer ahora?

Entonces oí gritos y vi a los cinco agentes liarse a golpes y bajar rodando las escaleras. "¡Si sobreviven, los mato!" pensé mientras corría para alcanzarlos. Con suerte, todos se habrían roto la cabeza o algo... nah, probablemente la suerte de Ocean no les permitiría tragedias este día (¡rayos!).

Estaban en el suelo y seguían peleando como si nada, pensé en llamar a Seguridad para que los separaran (ni a palos me iba a meter yo en ese pleito), pero antes de que encontrara mi comunicador, se quedaron como estatuas, contemplando a alguien que acababa de llegar.

-¡¡¡¡¡DAGA!!!!! -gritaron, y todos se oían asustados.

Ella asintió.

-Sí, ya regresé.

-¿De arriba o de abajo? -preguntó Ocean, muy poco diplomáticamente. Ale, aunque estaba bastante lejos, se las arregló para lanzarle una buena patada... que fue recibida por Kitty y no por el destinatario...

-Del Santuario de Atena, la Isla del Coco y el Santuario otra vez, pasando tres veces por el Cáucaso -respondió Daga, excelente la muchachita para dar explicaciones...

Se veía triste, pero eso no la iba a librar de lo que le esperaba conmigo. Ya sé que no está bajo mi autoridad, pero de todos modos podría tener la decencia de avisarme antes de desaparecerse quince días.

-Magnífico, agente Daga -dije, con mi voz más autoritaria-. Es todo un placer ver que por fin se digna acompañarnos.

Eso tuvo dos efectos: casi le provoco un infarto a los cinco del pleito y Daga puso una cara todavía más triste.

-Daga reportándose, comandante -respondió suavemente-. Atena Saori se encuentra sana y salva en el Santuario, al igual que la totalidad de los caballeros de Oro, Plata y Bronce.

-¡¡Tú estás muerta!! -gritó Thalena, saliéndose del nudo humano y poniéndose en pie-. ¡¡El asesino en serie te mató!!

-No, mató a Daga II, mi clon de seguridad.

En efecto, cuando le asignaron a Daga la evaluación de Ocean y Ale, ella estaba atendiendo otro caso y había solicitado un clon a la Sección de Bioingeniería porque ya no daba abasto con tanto trabajo, aparte que, después de los primeros asesinatos, tenía sospechas de estar ella también en la mira del asesino.

Los otros fueron poniéndose en pie poco a poco.

-¿Cómo va la investigación? -preguntó Daga.

Los cinco hablaron al mismo tiempo.

-¡Mal!

-¡Pésimo!

-¡Es una soberana pérdida de tiempo!

-¡Ya no soporto!

-¡Está resuelto!

No pude entender quién dijo qué, pero adiviné que la última frase la había dicho Ocean, por la cara que pusieron los demás.

Todos lo mirábamos a él, y él se rascó la nuca con cara de angustia cuando se dio cuenta de que era el centro de la atención.

-Sé quién es el asesino... -dijo, con voz insegura.

-¡¡¿¿Sigues con eso??!! -gritó Bruce.

-Todas las teoría deben ser escuchadas -intervino Daga-. No podemos rechazar lo que no conocemos, así es como trabajamos siempre, ¿o es que ya cambiamos de método?

Los otros pusieron cara de avergonzados, exceptuando a Bruce, que parecía listo para lanzarse otra vez sobre Ocean, Thalena lo detenia.

-Por cierto, Bruce -añadió Daga de pronto-, acabo de hablar con Taiki, volvió a la Tierra esta mañana y quiere verte un día de estos...

Bruce dejó de encarar a Ocean y miró a Daga como si fuera a matarla. Ocean aprovechó la distracción del susodicho para hacerle un candado chino, ayudado por Ale. Les costó trabajo, pero consiguieron inmovilizarlo.

-Gracias Daga.

-De nada, Ocean. ¿Habrá que darle un sedante a Bruce para que se esté tranquilo?

-No es necesario -intervino Thalena-. Mi hermano se quedará quieto hasta que Ocean termine de exponer su teoría, yo respondo por él. No me dejarás en ridículo, ¿verdad, hermano? -la voz de la chica tenía una dureza que me sorprendió, y también a Bruce, que prometió mantener la calma.

Finalmente, Ocean empezó a hablar.

-El asesino tiene por fuerza que ser un agente de OMAI, de otro modo no podría movilizarse tan rápida y fácilmente a tantos lugares y épocas. Piensen en los personajes de Saban, todos juntos en una época que no les correspondía, en Ranma, que no opuso resistencia pese a ser un gran artista marcial, en los Teletubbies, que ni siquiera intentaron huir... las víctimas fueron sorprendidas por alguien en quien confiaban, pero no hay nadie que conozca personalmente a tantos personajes de anime, así que debe tratarse de una figura de autoridad capaz de inspirar confianza en cualquier época y lugar. Un sacerdote, un maestro, un policía... ¿entienden a qué me refiero? Nadie piensa mal de alguien que está respaldado por una institución.

"Mulder y Scully permitieron que alguien hiciera algo con el motor de su nave, Koji Kabuto permitió que alguien manipulara a Mazinger Z, Ren y Stimpy permitieron que un desconocido entrara a su casa... ¿por qué? Porque no temían nada de esa persona... ¡que probablemente dijo estar ahí para protegerlos! ¿Y quién iba a proteger a personajes de anime? Pues nosotros.

"Y por fuerza tiene que ser uno de nosotros cinco. Saboteó nuestra cápsula varias veces, obligándonos a ir a donde y cuando quería. Que eso ocurra una vez, paso, pero ya más de dos es demasiado. Tenía que estar dentro de la cápsula o seguirnos muy de cerca para conseguir algo así.

"Antes de que el equipo se reuniera, Ale y yo llegábamos a todas partes después del crimen, y Daga llegaba antes. Después de que el equipo se reunió, siempre llegamos después del crimen, porque el asesino viajaba con nosotros. Y los crímenes continuaron después de que nos encerramos aquí.

"Los cinco tuvimos medios y oportunidad de cometer los crímenes, excepto porque Ale y yo nunca estuvimos en una escena del crimen antes de un homicidio hasta que se formó el equipo. Eso nos deja como sospechosos a Thalena, Bruce y Kitty.

"Y esto me lleva a la última parte de mi razonamiento. Me dediqué a irritar a mis tres sospechosos tanto como pude, tratando de incomdar al asesino y darle a entender que sabía quién era. Finalmente, uno de los tres perdió la paciencia y me atacó.

"Bruce... ¡¡¡¡TÚ, MALDITO, MATASTE A BARNEY!!!!

Todos nos quedamos estáticos. No esperábamos la última frase.

Bruce se quedó mirando a Ocean... y soltó la carcajada.

-No lo hice, pero pienso proponer que le levanten una estatua al que mató a Barney- seguía sonriendo, perfectamente tranquilo-. Pueden usar una sonda cerebral para comprobar mi siguiente declaración: no soy el asesino, no sé quién es, y no he sido su cómplice.

Ocean se quedó anonadado. Una sonda cerebral es el último extremo en detectores de mentiras, lo único infalible tratándose de humanos. Desgraciadamente, un sondeo cerebral conlleva el riesgo de destruir la mente del paciente, dejándolo idiotizado; por ello, la Constitución prohíbe su uso a menos que la persona lo solicite en forma voluntaria. Si Bruce estaba dispuesto a correr el riesgo, tenía que ser inocente.

-Lo lamento... -dijo Ocean-. Yo... me equivoqué contigo, Bruce, retiro lo dicho.

Escuché un suspiro. Era Daga.

-¿Sucede algo? -le pregunté.

-¿Dónde está Thalena? -preguntó ella.

No había rastro de Thalena.

La buscamos por todos los niveles, había salido de la sede, y luego averiguamos que había abandonado incluso la dimensión.

Pero nos había dejado una cinta de video. Su imagen en la grabación no llevaba el uniforme, y su rostro tenía una sonrisa tan extrañamente dulce...

-Estimados amigos y compañeros -decía-. Yo, Thalena Karla Manson Hunter, también conocida como Thalena, soy la asesina en serie. A partir del momento en que esta cinta sea puesta en funcionamiento por primera vez, hago efectiva mi renuncia a la Organización Mundial de Asuntos Irregulares. Quiero agradecerles a todos por su amistad y compañerismo y asegurarles que nos veremos pronto otra vez, ya que mi misión como exterminadora de personajes de anime no ha terminado todavía.

-¿Cómo es posible? -dije yo, parando la cinta-. ¿Thalena?

-Por lo visto, Ocean no estaba tan descaminado -dijo Ale.

-Es una lástima que el chico haya perdido la costumbre de pensar -dijo Daga.

-¿A qué te refieres? -le pregunté.

-Acabo de terminar de revisar los informes del grupo. Si Ocean hubiera estudiado un poco más los hechos en vez de intentar aplicar psicología y confiar en su suerte, habría deducido fácilmente de quién se trataba.

-¿Ah, sí? ¿Cómo? -dijo Ocean, enfurruñado.

-Un diestro mató a Óbelix, ¿no? ¿Quiénes son diestros de los cinco?

-Kitty y Thalena -contesté yo.

-¡Muy bien, comandante! Ahora, eso eliminaba a Bruce y al propio Ocean de la lista de sospechosos. Ale no pudo haber sido, por razones que ya Ocean nos citó, y además, tenía que tratarse de un miembro de una élite, alguien que supiera que yo estaba evaluando a Ocean y Ale, porque de otro modo no podía haber sabido que estaba siguiéndolos y no habría asesinado a mi clon. Con eso la lista se reducía a Kitty y Thalena. Y un simple examen grafológico nos habría dicho cuál de las dos escribió la nota que estaba en poder de Jar Jar Binks a la hora de su muerte.

-¿La nota? -dijo Ocean.

-Por supuesto, ¿o creíste muy normal que una criatura que habitaba en una ciudad subacuática llevara consigo un papel corriente escrito con un tipo de tinta que sería borrada fácilmente por el agua?

Guardamos silencio un rato, analizando el caso.

-¿Qué pasará con Bruce? -preguntó Ale.

-Estará bien, sólo tuvo una crisis nerviosa, me figuro que fue un golpe muy grande a su orgullo. Ahora Kitty está con él y creo que saldrá adelante -contesté.

-¿Y qué haremos con Thalena? -preguntó Ocean.

-Buscarla por cielo, mar y tierra hasta atraparla. Ya no cuenta con los recursos ni el respaldo de OMAI y nosotros sabemos a quién buscar -dijo Ale-, caerá tarde o temprano.

Taz entró en ese momento.

-¡¡¡Jefa!!! ¡¡¡¡Thalena mató a los Gatos Samurai!!!!

Ocean y Ale salieron como dos relámpagos, Bruce siguiendo a Ale

-¿La atraparán? -pregunté.

-Tal vez -dijo Daga, poniéndose en pie-. Tal vez no.

-¿A dónde vas?

-A Grecia, tengo un problema que resolver ahí. Hasta otro día, comandante.

-Hasta otro día, agente.

Cuando Daga se marchó, busqué un bolígrafo para hacer un apunte... y me di cuenta de que no había logrado llegar a Suministros y no tenía ni un miserable cabo de lápiz con qué escribir.

Fin

(ahora sí)

 

SIGUIENTE