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Capítulo 21

 

Desesperada, Amy volvió a atacarlos consiguiendo que la soltasen. En ese momento, vio como tres de ellos se abalanzaban sobre Sere, intentó impedirlo, pero era demasiado tarde, su destino y el de la chica ya estaban decididos.

Sin saber que hacer, Sere presenció como esas criaturas atacaban sin compasión a Amy y después se abalanzaban sobre ella.

Ambas gritaron de dolor.

En el exterior sólo una persona las escuchó: Eduard. Caminaba muy lejos de allí, cuando su brazo comenzó a arderle con un fuego sobrenatural que le hizo perder el conocimiento durante un instante. Al despertar, siguió caminando pero algo en su mirada indicaba que su mente comenzaba a comprender.

Durante ese instante, las sailors presenciaron como la barrera que les impedía ayudar a sus amigas se hacía añicos. Sin perder tiempo corrieron a su encuentro mientras Serena se transformaba y con su ataque y la colaboración de Sonami liberaba a las víctimas del conjuro de Rianna.

Sonami cogió en brazos a Sere, que se había desmayado y, la sacó de allí mientras las chicas recobraban su apariencia normal. A lo lejos You comenzó a abrir los ojos sonriendo al ver a Amy a su lado. Sus amigos se marcharon para dejarlos solos porque una nueva pareja acababa de nacer.

Muy lejos de allí dos figuras observaban la escena a través de una especie de agujero espacial. Una de ellas tenía en la mano dos piedras, una de color negra y otra amarilla, que entregó a su acompañante.

 

 

Rianna se acercó al sacerdote y depositó un beso en sus labios que fue correspondido ardientemente. Morus la cogió en brazos y la llevó a su cama en donde compartieron una vez más unos ardientes instantes. Sin embargo, para Rianna no fueron tan maravillosos como otras veces porque ella sabía que otra mujer la estaba desplazando poco a poco de su mente. Sus sospechas se confirmaron cuando en el clímax del acto Morus gritó, inconscientemente, el nombre de Serena una y otra vez. Después se marchó sin mirar hacia atrás ni una sola vez y aunque esto lo hacía siempre y ya lo había asimilado, lo otro no. Encontraría la forma de acabar con la chica sin que él se enterase.

 

**********

 

Sere descansaba en una habitación levemente iluminada por la luz de una lámpara de noche. Sonami la contemplaba en silencio, grabando en su memoria el rostro de la chica, buscando algo en su aspecto que la relacionase con su mundo, con la misteriosa fuerza que sentía emanar de ella, una fuerza vivificante. Se acercó un poco más y le acaricio la mejilla pronunciando en voz alta las ideas que le rondaban por su cabeza desde hace días, "¿qué tienes que ver con la piedra sagrada? ¿quién eres en realidad?". Justo en ese momento se oyó el ruido de una puerta al abrirse y, la luz de la habitación, ilumino la figura de una chica alta, lo suficiente como para que el sacerdote pudiera reconocer a Haruka que lo miró con sospecha aunque se abstuvo de decir algo. Detrás de ella entraron el resto de las sailors Scouts a excepción de Amy.

El movimiento despertó a Sere que recorrió con la mirada a todos los presentes algo asustada, los acontecimientos pasados habían hecho mella en ella provocando (porque lo que había visto no le había gustado y de alguna forma sentía que ella tenía algo que ver) que el miedo y la angustia de antaño volvieran. Serena se acercó a ella y la abrazó muy fuerte mientras que el resto de los presentes permanecía en silencio, un silencio que fue roto por la dura voz de Haruka.

 

 

Sonami salió de la habitación seguido de Haruka y Michiru que estaban dispuestas a cualquier cosa por tal de averiguar de una vez por todas lo que estaba pasando.

En la habitación solo quedaron Mina, Rei, Lita y Serena que trataban de calmar los llantos de Sere que no entendía porque la chica rubia la había tratado tan duramente, ella era una víctima no la culpable o.. al menos eso creía.

 

 

En el vestíbulo de la casa...

 

 

Eduard abrazó cariñosamente a Sere mientras la miraba embobado. Mina los vio y una vez más supo que había perdido, tal vez su destino fuera estar sola, pensó amargamente.

Una hora más tarde la gran mansión de las outers Scouts permanecía en silencio, vacía, las chicas habían vuelto a sus hogares, Setsuna y Hotaru estaban en la puerta del tiempo intentando averiguar algo y Michiru y Haruka intentaban localizar a Sonami que había desaparecido.

Extrañas ideas rondaban por la cabeza del sacerdote, sentía que el momento decisivo se estaba acercando y que él no estaba preparado. No sabía porque Morus se había estado preocupando de reunir unas piedras que no eran lo que les había traído a este mundo y tampoco entendía porque no se dejaba ver, eso no era algo propio de su ex-amigo, al menos, que estuviese preparando algo.

Él siempre había sido una persona alegre, optimista, capaz de ponerse serio cuando la situación lo requería y ocultar sus sentimientos. En cierto aspectos creía que se parecía a Michiru y Haruka, aunque últimamente, la antipatía que las dos chicas le habían mostrado desde el principio parecía aumentar, tan solo con Serena se sentía a gusto, le estaba tomando mucho cariño a la chica y no quería que le hicieran daño aunque estaba casi seguro de que ella formaba parte importante en el plan de su amigo. Sere también le inspiraba una gran ternura pero desprendía un aura que le resultaba familiar y por eso había decidido investigarla por lo que se había inscrito en la misma carrera que ella, así mataba dos pájaros de un tiro, vigilaba a una y cuidaba de la otra, aunque esto último no lo había hecho demasiado bien. Sonrió al recordar la que habían armado él y Sere el primer día de clase y como Serena había conseguido tranquilizar su corazón que sufría por tener que enfrentarse a su antaño mejor amigo aunque supiera que era lo que debía hacer.

Unos pasos en la oscuridad llamaron su atención, al rato las figuras de dos guerreros le cerraron el paso: eran Neptuno y Urano. Sonrió, si tenían que trabajar juntos era mejor terminar de una vez por todas con las enemistades y él sabía que ellas estaban dispuestas a colaborar si el se mostraba más abierto.

Mientras tanto, Eduard y Sere habían llegado a casa. Durante todo el camino habían permanecido en silencio, pero no en un silencio tenso sino en uno relajante, compartido, sus manos se habían entrelazo expresando lo que no se atrevían a decir con palabras. Bajo la cálida chimenea Sere se recostó sobre su amado sintiendo como este le acariciaba con cariño el cabello, al rato se quedó dormida. Eduard sonrío y la llevó a su cama. Al salir y cerrar la puerta de su habitación su brazo comenzó a arderle otra vez pero en esta ocasión no perdió el conocimiento sino que su mente se llenó de imágenes que se sucedían a una velocidad increíble impidiéndole comprenderlas aunque algo si se le quedó grabado: la imagen de Sere en medio de un punto brillante que se comunicaba con muchos más.

 

Continuará...