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Capítulo 24
"No, no puede ser...", susurró Serena al darse cuenta de lo que ocurría. Asustada, apretó su broche contra su pecho mientras pronunciaba las palabras que la transformarían en Sailor Moon, pero antes de que las completara, Darien avanzó hacia ella y le arrebató el broche (deteniendo a sí su transformación) al mismo tiempo que le susurraba al oído, "no compliques más la situación, encanto". Después sus ojos perdieron su tradicional color azulado para adquirir la belleza del verde esmeralda y dirigieron su fría pero seductora mirada hacia Rianna que le contemplaba con arrogancia y furia.
Las carcajadas de Darien hicieron temblar a Rianna, que nunca lo había visto en ese estado de excitación, y a Serena, que sin su broche y completamente sola no sabía qué hacer, el esbirro de Rianna la vigilaba muy de cerca esperando la menor señal de su dueña para abalanzarse sobre la chica.
Bajo el suave manto de oscuridad que trae consigo la noche, el cuerpo de Darien fue rodeado por cientos de pequeñas arañas surgidas de la nada que comenzaron a adherirse a su piel como si de sanguijuelas se tratasen. Después, el chico comenzó a entonar unos extraños cánticos produciendo que los arácnidos que se habían pegado a su ser se fusionaran entre ellos produciendo una segunda piel. Cuando el ritual llegó a su fin en donde antes había estado Darien ahora se encontraba Morus que tenía la mirada fija en Rianna.
Sin soportar permanecer un segundo más en aquel lugar Serena salió corriendo pero como había temido la criatura de su enemiga se abalanzó sobre ella estrechándola entre sus brazos para asfixiarla. Rianna sonrió pero dejó de hacerlo cuando vio como un rayo blanco impactaba sobre el monstruo destruyéndolo y liberando a la chica. Todos sintieron la presencia de alguien muy poderoso y, lleno de ira, Morus se giró para contemplar a su antaño amigo, Sonami.
Silencio.
El poder invocado por Sonami se unió al de la recién aparecida Sailor Plutón, dando lugar a una poderosa bola de energía que se dirigía rápidamente hacia Morus pero antes de que alcanzase al sacerdote, alguien se interpuso.
Rianna yacía a los pies de su señor, herida de gravedad.
Sin apenas fuerzas ya, Rianna consiguió levantarse del suelo ante la mirada de compasión de Serena, S.p y Sonami, y se abrazó muy fuerte a su amante quién con una tremenda frialdad la empujó lejos de él. "Gracias, por este último servicio Rianna, pero en ese estado ya no me sirves", estas fueron las últimas palabras que Rianna escuchó antes de caer en el abismo de la muerte.
*********
"Ten cuidado gatita, ahora estás sola, no podremos protegerte".
"Siempre estaré contigo"
"¿Darien?, ¿Haruka?", se preguntó Serena a sí misma. Todo estaba oscuro y no podía ver quién le hablaba. De repente, las dulces palabras de cariño fueron sustituidas por incomprensibles y terribles voces de agonía, aunque, había dos que se entendían perfectamente. Una procedía de la Sere que había conocido en el aeropuerto que suplicante le pedía que no la entregase y la otra procedía del espectro de una chica de cabellos rubios y ojos verdes que se fue acercando lentamente hacía ella. Su rostro, torturado, sonreía de satisfacción, como si en el fondo de su ser no le importase sufrir de aquella forma, era pura maldad y cuando la joven alargó su mano para tocar el rostro de Serena está se alejó espantada cerrando muy fuerte los ojos. Al volver a abrirlos se encontró en una habitación levemente iluminada, sobre una cama, a su lado estaba Morus.
Morus la miró fijamente, en silencio, y después sonrió. Lo que la joven decía tenía sentido aunque la experiencia le había enseñado a desconfiar de todo ser humano, pero no importaba, cuando Serena formará parte del lado oscuro si la tenía lo diría. Decidido se acercó a ella, la agarró del brazo y juntos desaparecieron de la habitación.
Mientras tanto Sonami era conducido por Sailor Plutón a la puerta del espacio y el tiempo.
S.p abrió la puerta y Sonami la atravesó. Esta puerta, la del espacio, era diferente a la del tiempo, al entrar el sacerdote se encontró en una habitación totalmente blanca. Una extraña sensación de deja vu lo inundó.
Sentía como si todo el universo le perteneciera como si con solo alargar una mano pudiera manipular el espacio a su antojo.
Cerró los ojos pensando en Haruka y cuando los abrió una nueva puerta apareció ante él. Debía ser la entrada al mundo en donde la sailor permanecía aprisionada. Intentó abrirla pero el conjuro de Morus no se lo permitió. Abatido volvió a cerrar los ojos y esta vez pensó en Serena. Una nueva puerta apareció ante él y al igual que la anterior tampoco pudo abrirla, Morus había pensado en todo, sin embargo, el conjuro que protegía esta entrada podía anularlo fácilmente. Lo hizo y la atravesó.
Ahora se encontraba delante del castillo de Morus. Se colocó una capa cubriendo su rostro para que ningún sirviente de su enemigo lo pudiera reconocer y caminó decidido hacia la entrada. Allí fue recibido por un vampiro que le dejó pasar sin fijarse demasiado en él. Ahora sólo debía encontrar a su amiga aunque era más fácil decirlo que hacerlo. Sin utilizar sus poderes debería buscarla habitación por habitación.
Al cabo de unos minutos llegó a una habitación que permanecía cerrada con llave. En su interior se escuchaba un suave llanto. "Serena, ¿eres tu?", preguntó muy bajito el chico. El llanto dejo de oírse y una voz angustiada le contestó, "sí, soy yo, Sonami ¿eres tú?, sácame de aquí por favor, tengo mucho miedo".
Era ella. Rápidamente el sacerdote sacó un cuchillo que había traído con él y forzó la puerta mirando para ambos lados para asegurarse que nadie venía por los pasillos. Finalmente lo consiguió y entró en la habitación cerrando sigilosamente la puerta tras de sí. "Pero que...", se asombró pues lo único que había en la habitación era una mesa sobre la que descansaban 10 piedras, nada más.
Estupefacto ante esta respuesta Sonami vio como de entre las sombras aparecía el espectro de una chica rubia de ojos verdes que lo miraba con odio.
Pero era demasiado tarde, Maira desapareció y en su lugar apareció Morus.
De entre las sombras Serena hizo acto de presencia ante la incrédula mirada de Sonami que no podía dejar de mirar a la chica que había delante de él. Llevaba un vestido largo, negro y muy, muy ajustado marcándole las formas, con una capa larga del mismo tono sobre la que descansaban mechones rizados de cabello dorado. Por un momento olvido porque estaba ahí, quién era, quién era la chica, sólo veía una mujer a la que deseaba. Despacio se acercó a ella y la tomó entre sus brazos para besarla sin escuchar las palabras de Morus, que le avisaba del peligro sabiendo que no lo escucharía y que moriría. Sonrió.
"Serena ya no es la joven que conociste amigo mío, ahora es mi aliada. Ella hace que los hombres la deseen, los atrapa y los incita a besarla, un beso que les costará la vida en este mundo y la eterna tortura en el otro. Perfecto, ¿verdad viejo amigo?"