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Capítulo 26

 

Ni Morus ni Sonami podían apartar la vista de las nueve figuras que acababan de aparecer pues ninguno entendía que estaba pasando. A excepción del chico todas vestían con un traje similar al de eternal sailor moon pero sin alas y con la falda y los adornos del color de su planeta. Darien llevaba su traje de guerrero(el que lucía cuando Péril atacó el Milenario de Plata).

En sus frentes brillaba el símbolo de su correspondiente planeta guardián incluso para Darien y una extraña áurea parecía rodearles concediéndole a sus miradas una gran fuerza. En ese momento Sonami divisó a Sailor Plutón y se acercó a ella titubeante e incrédulo.

 

 

Las miradas de todos se dirigieron hacia Serena que permanecía en silencio al lado de Morus que no dejaba de mirarla con furia y dolor, a la vez, en su corazón. "Entonces, la imagen que las piedras me revelaron no pertenecía a la portadora de la piedra sagrada sino a una guardiana" - titubeó el sacerdote pero Serena seguía en silencio ajena al significado de lo que allí se decía. Para ella todo eso carecía de importancia sólo esperaba el momento oportuno para acabar de una vez por todas con los intrusos que habían estropeado sus planes y los de su compañero. Hasta este punto la dominaba el poder de Zoltan.

Pronto esta realidad se abrió paso en la mente del sacerdote que recobrando la seguridad atrajo a Serena hasta él y la acarició. Esto enfureció a Darien que consciente de su propia experiencia no pudo de dejar de pensar en lo que Morus podría haberle hecho a su novia y sin pensárselo más lanzó contra él el ataque más poderoso de cuántos había recibido. Sin embargo, este fue detenido por el sacerdote ante la mirada incrédula de sus enemigos.

 

 

Una gran bola de energía se dirigió hacia el sacerdote quién no consiguió detenerla a pesar de haberlo intentado con todas sus fuerzas. Mal herido cayó al suelo.

 

 

Morus bajo la mirada para evitar ver como Sonami le daría, seguramente, el golpe de gracia. Pero en vez de esto, el chico se acercó a él y le ofreció la mano. Estupefacto, el joven miró a los ojos a aquel que le ofrecía seguir viviendo y sólo vio compasión. Compasión porque había sido derrotado, compasión porque se había equivocado de camino porque había elegido el camino del mal en vez del bien, representante del amor y la justicia... justicia, ¿cuál justicia? aquella que había demostrado cuando lo condenó injustamente a la muerte, aquel amor que demostró cuando lo entregó fríamente. ¡No!, no dejaría que se saliera con la suya, no dejaría que escapara sin castigo, sin sufrir todo lo que él había sufrido. Lleno de rencor, volvió a bajar la mirada sonriendo y sin dar tiempo a reaccionar a nadie reunió todo la fuerza que le quedaba para invocar un último hechizo.

En cuestión de segundos, desapareció y se materializó al lado de Darien al que golpeó lo suficientemente fuerte como para que soltara a Serena. La agarró del cuello y le colocó un afilado cuchillo(obtenido con otro conjuro) sobre él.

 

 

"Un último enfrentamiento, una última oportunidad para alcanzar lo que siempre he querido: su muerte. Pero y si miente"- reflexionaba Morus. Durante un instante contempló a Serena, se había jurado a sí mismo hace mucho tiempo ya que jamás volvería enamorarse pero su corazón lo había traicionado. Amaba a Serena, tanto o, incluso más, de lo que amó una vez a Maira. Sonami tenía razón, jamás podría hacerle daño así que la liberó no si antes extraer de su cuerpo un cristal negro que hizo pedazos y devolverle el cristal de plata.

Este acto le devolvió la voluntad a la chica que se encontraba algo desorientada por eso se extraño cuando vio allí a las chicas, a Sonami y a Darien, ¿no estaban prisioneros?. Los brazos de Darien, que se apresuró a apartarla del peligro, la tranquilizaron.

 

 

Con estas palabras las heridas del sacerdote desaparecieron. Este se incorporó, se acercó a Sonami y le sonrió mientras el resto de los presentes se hacían a un lado conscientes de que esa era una lucha en la que no debían intervenir.

La batalla comenzó.

Ambos tenían la misma fuerza, ambos tenían el mismo coraje y ambos pensaban que tenían razón.

Pero ninguno podía imaginarse cuán equivocados estaban.

Cansado de que Sonami logrará neutralizar todos sus conjuros, Morus decidió abalanzarse sobre él. Con todas sus fuerzas golpeó fuertemente en la mandíbula a su contrincante quien no esperándose este tipo de ataque cayó al suelo con la nariz rota. Al rato pudo sentir como comenzaban a darle patadas sin cesar y como a cada golpe su cuerpo se retorcía de dolor. En un descuido de su rival le agarró el pie y lo hizo perder el equilibrio. Rápidamente se incorporó y materializando una daga la colocó en el cuello de Morus, jadeando, quiso darle una última oportunidad al chico:

 

 

Una potente bola de energía se dirigió hacia Sonami que intentando detenerla lanzó otra más pequeña pero más rápida hacia Morus. Anulando a este la otra desaparecería.

 

Seis... " Era el golpe definitivo. Ninguno de los sacerdotes se movía. ".

Cinco..."Aquel cuyo golpe alcanzará antes al otro vencería".

Cuatro..."Serena contemplaba la escena angustiada. ¿Qué les pasaba?"

Tres..."Sonami no quería dañar a Morus."

Dos..."¿Por qué sentía tanto odio Morus?...Pagaste mi lealtad con traición..."

Uno..."Debían hablar. Debían abrirse sus corazones. Saber que sentía el otro."

Cero..."¡¡¡¡¡¡¡¡¡No!!!!!!!!!"

 

Deseando acabar con todo eso Serena se transformó en Eternal Sailormoon Moon y lanzó dos poderosos ataques que desviaron las trayectorias de las dos esferas de energía. Desafortunadamente su nuevo rumbo fue la chica.

 

 

Y el momento llegó, su destino se cumplió. La fuerza de los guardianes del sistema solar se unió y Supreme Sailormoon nació.

Vestida con un corpiño ajustado estilo marinero, una falda, ambas prendas de color blanco con puntitos dorados, una gran capa blanca y portando un cetro dorado, la chica pronunció unas palabras que transportaron a Sonami y a Morus a otra realidad, a un pasado muy lejano ya...

Aquella mañana Maira se levantó muy temprano. Estaba furiosa, Sonami la había rechazado, ella le había ofrecido su amor y él no lo había aceptado.

Acostumbrada a tener siempre todo lo que quería se sentía ultrajada y humillada y desde luego la reunión que había tenido hace diez minutos con el sumo sacerdote no había hecho cambiar su humor, al contrario, lo había empeorado. ¿Cómo se atrevía ese carcamal a decirle que su actitud no era la apropiada para una futura sacerdotisa y más aún amenazarla con echarla si no la cambiaba? ¿Acaso no sabía que formaba parte de una de las familias más poderosas de todo el país? Desde luego esto no quedaría así pero antes se ocuparía de Sonami...

 

 

Maira se giró en redondo y se encontró con el estúpido rostro de Morus. No lo soportaba porque siempre le había parecido un don nadie sin ningún atractivo y sin futuro, no entendía como alguien como él podía ser el mejor amigo de Sonami.

El chico había notado la furia de su rostro y amablemente había acudido a ver si la podía ayudar. Seguro, como si ella no supiera que estaba loco por ella... entonces se le ocurrió la idea.

 

 

Sumiso, Morus la siguió a su habitación dando comienzo a una relación en la que Maira sólo buscaba poner celoso a Sonami aunque no le dio muy buenos resultados. Al cabo de tres días de soportar a ese estúpido se enteró de que Sonami acababa de comprometerse con una chica de su ciudad. "Te mataré", fue lo único que Maira dijo al enterarse de la noticia.

La noche de la muerte de Maira....

Lentamente, Maira se levantó de la cama en donde reposaba junto a Morus y salió de la habitación procurando no hacer mucho ruido. Se dirigió hacia sus habitaciones y cogió una daga envenenada que ella misma había preparado. A continuación, fue a la habitación de Sonami y, cuando iba a abrir la puerta, alguien la detuvo. Era Morus.

 

 

Maira se acercó a su amante segura de tenerle dominado pero estaba equivocada. Morus la quería más que a su propia vida y en cierta forma también era cierto que odiaba a Sonami pero, después de todo, este odio sólo era el producto de los celos y él tenía un corazón noble, nunca participaría en un asesinato y menos aún en contra de su amigo porque una parte de su corazón seguía apreciando a Sonami.

 

 

Maira se apartó furiosa de él ante esta negativa. Otro más, otro más que no cumplía sus deseos, el odio se apoderó de ella y un arrebato de locura decidió que no le importaría morir si con ello conseguía acabar con esos dos estúpidos.

Sin que Morus pudiera hacer nada por deternerla, Maira gritó con todas sus fuerzas pidiendo auxilio y después se clavó la daga en el corazón. El grito despertó a Sonami que corriendo salió de su habitación para ver lo que ocurría y entonces lo vio. Morus sostenía entre sus brazos el cuerpo moribundo de Maira quien antes de morir lo miró y gritó con su último suspiro, "ha sido él".

Al volver a la realidad, Sonami conocía ya la verdad y Morus sentía su arrepentimiento, su dolor por tener que condenar a un amigo al que siempre había apreciado.

Sonriendo S.S.M se alegró desde lo más hondo de su ser de que los dos sacerdotes se hubieran unido una vez más, sin embargo, algo lo estropeó todo. Un potente rayo impactó en Morus haciendo que este perdiera la vida. Sin poder creer lo que había pasado, todos los presentes (excepto Serena que siguió sonriendo como si nada hubiera pasado) miraron a su alrededor buscando al culpable.

En una de las esquinas de la habitación apareció la figura de un guerrero de cabellos cortos y aspecto musculoso cuyo rostro no podía verse a causa de las tinieblas que lo rodeaban. El brillo de sus ojos atravesaba esta oscuridad provocando una sensación de estupor, miedo, dolor... era como si en aquel ser se hubiera materializado todo el mal del universo. Fue en ese momento, ante tal pensamiento, cuando Sonami, asustado, retrocedió unos pasos y pronunció un nombre, "Zoltan".

 

 

Todos se quedaron atónitos ante esta orden de su princesa. Tan segura estaba de poder vencerle, ¿es que no había escuchado a Sonami?

 

 

Todos los presentes se giraron para contemplar al dueño de aquella vez y entonces...

 

 

Ante la presencia de aquel hombre Zoltan sintió como si algo en su interior se revelará, como si quisiera escapar de él y unirse a aquel mortal.

 

 

Después de estas palabras la forma humana de Zoltan fue rodeada por una inmensa luz grisácea, símbolo de la neutralidad, que se introdujo en él buscando su esencia, la esencia del mal, para destruirla a continuación. Un profundo gemido se escapó del Dios y al cabo de unos minutos ya no quedaba nada de él. Atónitas las sailors volvieron su rostro hacia Eduard y Sere que mantenían sus manos entrelazadas. Eduard, en cuya vida anterior había sido Eruald el creador de Asirius y Zoltan y Sere, creada a partir de la piedra del templo en donde hace milenios había caído en forma de agua el último resto de la piedra sagrada. A partir de ahora un nuevo futuro le esperaba a su universo de origen, un futuro sin más guerras, por ahora. La pesadilla había terminado.

Tan solo quedaba algo por hacer...

 

"Renacimiento". -pronunció Serena. A continuación, una hermosa luz envolvió el cuerpo de Morus y cuando esta cesó el sacerdote abrió los ojos. La vida le había sido devuelta.

 

 

"No", respondió sailor saturno, "por algo ella es la sailor de la vida".

 

Fin

 

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Epílogo

 

Había pasado una semana desde el día en que Zoltan fue aniquilado por Eduard. Apoyada sobre la ventana del departamento de Darien, Serena contemplaba las estrellas mientras recordaba lo acontecido después de que ella le devolviera la vida a Morus.

Muy amablemente Eduard accedió a explicar todo lo que allí había sucedido. Las continuas batallas entre Asirius y Zoltan provocaron que el guardián de su mundo renaciera en otro universo y bajo otro aspecto a la espera de que el día de acabar con toda esa lucha llegara. Se suponía que cuando esto sucediera la piedra sagrada se destruiría pos sí sola para que todo el poder que albergaba volviera por sí solo a su dueño, a Eduard, así este volvería a ser Eruald y podría llevar a cabo su misión. Sin embargo, la destrucción de parte de ella por parte de los sacerdotes de ambos bandos adelantó el proceso. Eduard recuperó sus poderes pero no el conocimiento de quién era y del poder que tenía porque parte de su esencia cayó sobre otra piedra y dio lugar a un ser que era parte de él y que debía volver a él: Sere.

Por todo esto fue en la Tierra en donde la chica abrió los ojos por primera vez, con el cuerpo de una adulta, el saber de un recién nacido y un gran dolor en su corazón por saber en lo más profundo de su ser que ella era la causa de la contienda que tenía lugar en su universo de origen.

Sere y Eduard se encontraron y sólo fue cuestión de tiempo que el chico recobrara sus recuerdos para poder llevar a cabo su misión. La destrucción de los antiguos dioses del bien y el mal y la reconstrucción de un universo que no gozaba de paz desde hace ya mucho tiempo.

Al recordar esto, Serena sonrió. ¿Quién se hubiera imaginado que Sere fuera lo que quedaba de la piedra que tanto buscaban? Aún recordaba la cara que puso Sonami cuando se burlo de él en plan de broma pero también recordaba las palabras de Sere. "Cuida bien del sistema solar porque tú eres su guardiana".

Después de esto, Sere y Eduard se marcharon seguidos de Morus y Sonami que habían hecho las paces. Sus corazones habían sido purificados de cualquier sentimiento de rencor y volvían a casa dispuestos a rehacer sus vidas y no permitir que la amistad que existía entre ellos se volviera a romper.

Antes de marcharse, Morus se acercó a Serena y le agradeció el que le hubiera devuelto la vida. Esta, guiada por un extraño impulso, lo beso haciendo que el sacerdote enrojeciera y Darien se enojara. La voz de alguien la devolvió al presente.

 

"¿Qué haces mi ángel?", le susurró un hombre al oído mientras la hacía girarse.

 

"Pensaba en la cara que pusiste cuando bese a Morus", respondió nuestra guerrera con una gran sonrisa.

 

"Ya no importa", proclamó Darien mientras tomaba a Serena entre sus brazos y la tumbaba sobre su cama. "Ya no importa, porque esta noche sellaremos nuestra promesa de amor para siempre"

 

"Sí", susurró Serena.

 

Y bajo la luz de las estrellas que penetraba por la ventana Serena y Darien se entregaron el uno al otro por vez primera.